miércoles, 29 de abril de 2009

Iñaki Sáez, 10 años después

El recuerdo a los hombres que lograron el primer campeonato mundial que luce en las vitrinas de la Federación Española (y el único si excluímos al fútbol sala) no estaría completo sin una referencia a la persona que dirigió a aquel grupo al éxito. Así que hoy toca repasar la vida de Iñaki Sáez desde aquella cálida tarde en Lagos en la que finalmente pudo cumplir la promesa de dedicarle el título a su desaparecida madre.

Si bien antes de ir a Nigeria su posición era algo cuestionada, como comentamos en su momento, tras el campeonato Mundial las dudas que pudiera haber sobre su valía quedaron completamente despejadas. Al triunfo en Nigeria le siguió al año siguiente la plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, con un equipo formado por algunos campeones mundiales como Aranzubia, Marchena, Xavi o Gabri junto a otros jóvenes ya establecidos en Primera como Jose Mari, Angulo, Tamudo o Albelda, un éxito indudable que por supuesto tendrá su merecido espacio en futuras entradas. La no clasificación para el Europeo sub'21 de 2002 tras caer ante Portugal por el valor doble de los goles en campo contrario fue vista como un simple tropiezo para un generación que salvo excepciones como las de Xavi y Casillas no acababa de dar el salto a la élite del fútbol, y por eso cuando Jose Antono Camacho anunció su marcha del banquillo de la selección absoluta el nombramiento de Iñaki Sáez como nuevo seleccionador no levantó demasiada polémica. Su perfil era el de un hombre tranquilo, con experiencia y éxito en las categorías inferiores y que por tanto no debería tener problemas en realizar el relevo generacional que se debía producir tras el Mundial de Corea y Japón. Clásicos como Hierro, Nadal, Guardiola o Luis Enrique abandonaban la selección, y nadie mejor que él para ayudar a que los campeones juveniles dieran el salto a la absoluta y consiguieran en ella los mismos triunfos que se lograban en las divisiones inferiores de la Selección.

Con esa premisa inició su andadura en el cargo, haciendo debutar a Orbaiz y Marchena, pero el equipo no carburaba. Su férreo 4-4-2 chocaba con el estilo de juego de hombres como Valerón y con la dupla Albelda-Baraja se carecía de un organizador claro. No obstante, la clasificación para la Eurocopa de Portugal parecía bien encaminada hasta junio de 2003. En una semana negra se perdió en Zaragoza contra Grecia y se empató en Belfast, por lo que se llegó a las últimas jornadas dependiendo de los helenos para lograr la plaza directa. Los de Rehaggel no fallaron y por primera vez España debería ir a una repesca. En ella se superó a Noruega con menos apuros de los previstos, sobre todo en la vuelta en Oslo, y se encaró la Eurocopa con las expectativas por las nubes. En los últimos amistosos se comprobó que el equipo ofrecía una atractiva variante sobre el sistema tradicional, y es que además del consabido 4-4-2 con Etxeberría, Vicente, Raúl y Morientes como hombres ofensivos, había una serie de jugadores que parecían encajar mejor con un sistema menos encorsetado. Xavi, Xabi Alonso, Joaquín, Valerón, Luque y Fernando Torres ofrecían un juego más dinámico que los teóricos titulares, aunque se sacrificaba el supuesto equilibrio que daba la formación clásica. El debate sobre qué equipo debería usar Sáez en la Eurocopa se instaló en la calle, alentado por la baja forma de Raúl, cuya titularidad comenzaba a ser discutible.

En la convocatoria definitiva para Portugal Iñaki Sáez hizo un guiño a los campeones juveniles incluyendo, junto a los ya fijos Casillas y Marchena, a Xavi, Gabri y Aranzubia, aunque ninguno de los tres tendría minutos en el torneo. En el primer partido se obtuvo una trabajada victoria ante Rusia por 1-0 con gol de Valerón, que marcó al minuto de entrar al campo. El juego no fue vistoso pero se dio por bueno visto el resultado. Los problemas comenzaron en el segundo partido. Se preveía que Grecia, que llegaba también con 3 puntos, se encerrara en su área y dejara la iniciativa al cuadro español. Para afrontar un partido así muchos pensaron que era el momento de apostar por esa segunda unidad más creativa y con más velocidad y dinamismo en la circulación de balón, pero Sáez siguió confiando en su idea primigenia y sacó al mismo once que ante Rusia. El gol de Morientes pareció dar la razón al seleccionador, pero tras el empate heleno en la segunda parte se vio que el equipo carecía de ideas para atacar una defensa tan firme, y los cambios produjeron una mezcla de estilos que tampoco resultó. El partido contra los anfitriones se encaraba con 4 puntos y ahora resultaba decisivo, justo lo que se pretendía evitar. Las críticas a Sáez por no sacar de inicio ante los griegos a los jugadores con más capacidad para mover el balón fueron muy duras y pudieron con él. Ante Portugal, en un encuentro que se preveía más igualado y en el que sí parecía más necesario apuntalar el centro del campo, decidió sacar un once similar al que se le había "pedido" en el partido contra Grecia, con Xabi Alonso, Joaquín y Torres. El resultado fue un choque demasiado abierto en el que Portugal se manejó a sus anchas e impuso su mayor técnica individual, ejemplificada en el duelo entre Cristiano Ronaldo y Raúl Bravo, en el que el de Madeira volvió literalmente loco al lateral madridista. Un solitario gol de Nuno Gomes y una pizca de mala suerte en el remate certificaron la derrota y la eliminación.

Las críticas se recrudecieron y el desangelado regreso de la expedición, con los jugadores volviendo cada uno por su lado y sin el traje oficial, significó la sentencia pública a Sáez. Tras intentar calmar los ánimos, Villar tuvo que apartarle del cargo y decidió encomendarle de nuevo la dirección de la selección sub'21, que había fracasado en su intento de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Sin embargo, pese a contar con un grupo de calidad y experimentado en Primera División, no pudo clasificarse para el Europeo de Holanda 2006 (en la primera fase de grupos Bélgica y Serbia-Montenegro quedaron por delante), ni tampoco para el del año siguiente y, consecuentemente, para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 (se cayó ante Italia en la eliminatoria previa al Europeo). Después de estos malos resultados, y aunque las críticas no fueron excesivas (quizá por la falta de atención que en los últimos tiempos ha recibido la sub'21), su presencia en el staff de la Federación ya sólo se entendía por su amistad con el presidente Villar. Finalmente, Iñaki Sáez anunció que dejaría el cargo en verano de 2008, coincidiendo con su jubilación y con la llegada de Fernando Hierro a la Dirección Deportiva. Su último partido oficial fue el 25 de marzo de 2008 en Antequera, en un encuentro ante Kazajstán que se ganó por 5-0 y que dejó encarrilada la clasificación para el Europeo de Suecia de este año. Así, apartado de los focos, casi en silencio, se despedía del fútbol el hombre que supo llevar a un grupo de chavales a la cima del mundo.


Próxima entrada: Muchos eran los llamados...

lunes, 27 de abril de 2009

La lista de Sáez 10 años después (y III)

Hoy concluye el repaso a la trayectoria de los 18 convocados con los 6 jugadores que ocupaban los puestos de ataque.

Javier Barkero: se dice que llegó a la lista de Sáez de rebote, en virtud de un acuerdo entre la Real Sociedad y la Federación para no llamar a Mikel Aranburu, por entonces ya en el primer equipo realista, y desde luego aprovechó la oportunidad a las mil maravillas. Gracias a su portentosa zurda, Barkero fue uno de los jugadores más destacados del campeonato y a su vuelta a Donosti parecía destinado a ser el sucesor natural de Javier De Pedro. Pero en la primera plantilla txuri-urdin no había sitio para los tres y Barkero pasó dos años cedido en el Toulouse y el Eibar, en los que no progresó lo que se esperaba. A su vuelta, Aranburu le ganó la carrera por el puesto y el campeón juvenil esperó su momento en el banquillo, pero su juego parecía estancado y nunca pudo rememorar sus actuaciones de Nigeria. Tras cuatro años de sinsabores deja la Real y ficha por el Albacete, en Segunda División, donde definitivamente parece encontrar su sitio. Sus buenas actuaciones en La Mancha le sirvieron para fichar este verano por el Numancia en su regreso a Primera, y entonces Barkero resurgió de sus cenizas como el Ave Fénix, mostrándonos por fin al jugador que hace 10 años se adivinaba que podía llegar a ser.

Alex Lombardero: sin duda la carrera de un perfil más bajo de todos los componentes de la selección. Este veloz extremo coruñés jugaba en el Lugo de Segunda B cuando fue convocado para el Mundial sub'20, del que volvió como campeón después de aparecer como revulsivo en 3 partidos. Pero después su carrera discurrió por equipos filiales (Atlético de Madrid, Racing de Santander, Alavés), disfrutó de breves estancias en Segunda con el Mérida y el primer equipo del Alavés y finalmente tuvo que dejar el fútbol por una grave lesión de cadera cuando estaba en la Gramanet. Comenzó esta temporada como técnico del Castellar, equipo de la Tercera Regional catalana.

Fran Yeste: indudablemente uno de los jugadores con más clase de aquella selección, Yeste debutó en Primera con el Athletic Club en febrero de 1999 y al año siguiente ya era miembro de pleno derecho de la primera plantilla bilbaina. Desde entonces ha jugado de manera habitual, aunque su carácter (a veces demasiado frío, a veces demasiado caliente) le ha impedido mostrar su fútbol con la regularidad que se desearía de un talento puro como el suyo, y quizá por ello no ha llegado a alcanzar el máximo de su potencial. Con todo, es reconocido como uno de los futbolistas más talentosos de la Primera División, y aunque últimamente las lesiones le tienen más tiempo parado que jugando, su presencia es vital para su club.

Gabri: sin duda un caso curioso de evolución futbolística, de sobra conocido por la mayoría de aficionados. Gabri siempre había jugado de media punta, puesto en el que destacó en este Mundial de Nigeria y siguió brillando por ejemplo en los Juegos Olímpicos de Sidney donde se colgó la plata, y de hecho su buena labor en esa posición le abrió las puertas del primer equipo del F.C. Barcelona. Pero era (y es) un puesto que parecía destinado a un jugador extranjero, preferentemente brasileño o argentino, y Gabri apenas pudo disputar minutos de importancia. Sin embargo, su estilo incansable hizo que Rexach lo probara en posiciones defensivas en un partido de Champions en Liverpool al que el Barça acudía con muchas bajas, y su rendimiento fue tan notable que acabó asentándose en el lateral derecho. Precisamente fue desempeñando esas funciones cuando Sáez decidió darle la alternativa en la selección absoluta, con la que llegó a jugar 3 partidos y a viajar a la Eurocopa de Portugal, anuque no jugó ni un minuto. Después se lesionó de gravedad en la rodilla y a la vuelta se encontró sin sitio en el Barça, por lo que en 2006, tras un año y medio prácticamente en blanco, se fue al Ajax, donde es muy apreciado por su polivalencia y en el que ha vuelto a jugar en su puesto originario.

David Aganzo: llamado a última hora para sustituir al lesionado Gerard, Aganzo lo hizo bastante bien en los minutos que jugó en Nigeria, destacando por su velocidad y unas grandes condiciones técnicas. Con casi dos años menos que el resto de sus compañeros, desgraciadamente todo hacía presagiar que nos encontrábamos ante el enésimo nueve de calidad que producía la prolífica cantera del Real Madrid que no encontraría acomodo en la primera plantilla blanca. Y efectivamente así fue, al igual que muchos antes que él (y otros muchos después), tras debutar con el primer equipo y jugar un puñado de partidos oficiales inició el tradicional rosario de cesiones que fueron reduciendo su caché. Pasó sin mayor gloria por Espanyol (2000-2002), Valladolid (2002-2003), Levante (2003-2004) y Racing de Santander (2004-2006). Sólo en Pucela y Valencia fue realmente importante para su equipo, aunque nunca pasó de los 10 goles, y tras no cuajar en Santander inició una breve y exótica aventura en el Beitar de Jerusalén que tampoco acabó demasiado bien. De vuelta al Racing, se lesionó de gravedad a comienzos de la temporada 2006-2007 y tras recuperarse se fue al Alavés. En Vitoria por fin superó la barrera de los 10 tantos en una temporada, y este año fichó por el Rayo Vallecano, donde sigue en racha goleadora. Desde luego, vista su irregular trayectoria no extraña que para muchos sea más conocido por haber sido pareja de la ex-mujer de Ronaldo, Milene Domingues.

Pablo Couñago: acabamos el repaso a las carreras de los jugadores con la del máximo artillero de aquel campeonato. En 1999, este pontevedrés se encontraba cedido por el Celta de Vigo en el Numancia, en Segunda División, y tras su gran campeonato su cotización se disparó. Sin embargo, en Vigo decidieron foguearlo una campaña más en Segunda y volvió a ser cedido, en este caso al Recreativo, motivados también por las altas exigencias del jugador para la renovación. Ese año acababa contrato y el Ipswich Town, que volvía a la Premier, no dejó pasar la oportunidad de tener en sus filas a todo un Campeón del Mundo sub'20, Bota de Oro y Balón de Bronce en ese campeonato. Sin embargo, en Inglaterra no termina de explotar como goleador de primer nivel, y en 2005, tras cuatro temporadas en Ipswich, decide volver a España. Su destino sería Málaga, club que esa campaña acaba último en Primera, y donde tampoco logra destacar. Regresa al Ipswich Town, y desde entonces por fin sus cifras goleadoras pueden considerarse al menos razonables para un club de Championship. Su carrera repleta de altibajos representa a la perfección a la mayoría de aquella mágica generación, que si bien no pudo hacerse al completo con un hueco en la élite del fútbol sí nos dejó un maravilloso torneo para el recuerdo e inició un camino que nos ha conducido a donde estamos ahora: en lo más alto.


domingo, 26 de abril de 2009

La lista de Sáez 10 años después (II)

Hoy seguimos el repaso a las carreras de nuestros campeones sub'20 con 6 nuevos nombres:

Álvaro Rubio: tuvo la mala suerte de lesionarse de gravedad en el último encuentro de la primera fase ante Honduras, en sus primeros minutos del campeonato, por lo que no pudo participar en el resto del torneo. Por aquel entonces este riojano jugaba de central y estaba en el Zaragoza B, desde donde fichó por el Albacete en la 2000-2001. En el club manchego siguió su progresión y poco a poco fue adelantando su posición en el campo, logró el ascenso a Primera y debutó en la máxima categoría en 2003. En el verano de 2006 se incorporó al Valladolid y desde el principio se ganó la confianza de Mendilíbar, con el que llegó a jugar incluso de extremo derecho. Asentado en el mediocentro, en Pucela vuelve a disfrutar de un ascenso a Primera y se convierte en una pieza básica del esquema blanquivioleta. Pese a no ser uno de los destacados en Nigeria, a los 29 años ha conseguido establecerse como un jugador importante de Primera, algo que desgraciadamente no han logrado otros compañeros aparentemente con más proyección.

Gonzalo Colsa: el bravo centrocampista cántabro recibió la llamada de Iñaki Sáez mientras se encontraba cedido en el C.D. Logroñés, en Segunda División, aunque ya había debutado con su Racing en Primera un año antes. Al acabar la temporada 1998-1999 volvió a Santander y se convierte en un habitual de las convocatorias, disputando casi 20 partidos en cada una de las 2 siguientes temporadas y mostrando sus buenas dotes como centrocampista llegador, aunque no puede evitar el descenso a Segunda del Racing. El Atlético de Madrid se fija en él y decide hacerse con sus servicios para intentar el ascenso, cosa que consigue aunque sin que la aportación de Colsa sea la esperada. De vuelta en Primera, los colchoneros deciden cederlo al Valladolid, donde se hace con un puesto de titular y consigue su mejor marca goleadora. Pero sigue sin tener opciones en el Atlético y al año siguiente vuelve a salir cedido, en este caso al Mallorca, donde se reencuentra con Luis Aragonés, el primer técnico que tuvo a orillas del Manzanares y con el que vuelve a ser pieza clave del equipo. Otra vez de vuelta en el Atlético, de la mano de César Ferrando juega 30 partidos y consigue 3 goles pero no logra ganarse a la complicada afición rojiblanca. Al año siguiente vuelve a alternar la titularidad con la suplencia y finalmente en 2006 acaba volviendo al Racing, donde no tarda en demostrar que tiene calidad más que suficiente para destacar en Primera. Ídolo de la afición santanderina por su juego (y su condición de cántabro), desde entonces es uno de los fijos de un equipo que recientemente ha vivido los que probablemente sean los mejores años de su historia.

Pablo Orbaiz: mediocentro defensivo con dotes de organizador y que podía actuar también en el centro de la zaga, Orbaiz ya jugaba habitualmente en Osasuna cuando viajó a Nigeria, y a su vuelta se convirtió en objetivo prioritario para varios clubes. Con la satisfacción de dejar a su Osasuna en Primera, Orbaiz fichó por el Athletic Club en verano de 2000, y desde el principio se hizo un hueco como titular. De la mano de Sáez, debutó con la selección absoluta el mismo día que Marchena, en un encuentro de homenaje a Puskas celebrado en Hungría en verano de 2002, pero su progresión se truncó ese invierno por culpa de una lesión de ligamentos. Volvió a los terrenos de juego y rápidamente recuperó su sitio en el Athletic aunque no en la selección: la explosión de Xabi Alonso le cierra las puertas de la Euro 2004 y después Luis Aragonés deja de llamarle al equipo nacional. A finales de 2006 volvió a romperse la rodilla y nuevamente consiguió volver a la titularidad, mostrando el carácter por el que Iñaki Sáez le confió el brazalete en Nigeria.

Xavi Hernández: se dice que Michel Platini, presente en la final de Nigeria'99 como miembro de la FIFA, se le acercó después del partido y, tras presentarle sus respetos, le susurró que Seydou Keita se había llevado el Premio al Mejor Jugador del campeonato por razones políticas, pero que él había sido de largo el mejor futbolista presente en aquel torneo sub'20. Y se dice que nueve años después, cuando ya como Presidente de la UEFA el francés le otorgaba a Xavi el galardón al Mejor Futbolista de la Eurocopa 2008, el susurro vino a decir que por fin se había hecho justicia. Más allá de leyendas urbanas, lo cierto es que en los 9 años que transcurrieron entre un susurro y otro el de Terrassa no ha dejado de dar muestras de la calidad que atesora en sus botas y en su privilegiada cabeza. Desde que debutó con Van Gaal en el club de su vida, el F.C. Barcelona, Xavi ha sido el cerebro del equipo blaugrana. Sin embargo, en muchos momentos se criticó su falta de rigor defensivo y sus pocas dotes de liderazgo, críticas que aparecían siempre que el equipo no carburaba. La Eurocopa de Austria y Suiza le sirvió para reivindicarse ante sus detractores, guiando a su equipo, controlando el tempo del partido y apareciendo con peligro en el área, precisamente un juego que se asemejó más que nunca al desarrollado en Nigeria. Este año el destino ha querido juntarle en el vestuario del Barça con Keita: seguramente habrán tenido tiempo para recordar aquel campeonato, y quien sabe si para comentar las confesiones de Platini.

Fernando Varela: en 1999 era una de las más firmes promesas de la cantera bética pero, tras ser campeón en Nigeria, este potente extremo diestro (que incluso había disfrutado de sus primeros minutos en Primera con apenas 17 años) tuvo que pasarse medio año cedido en el Extremadura, aprender a jugar de lateral y esperar a la temporada 2000-2001 para ser miembro de pleno derecho del primer equipo del Betis, entonces en Segunda División. La razón fundamental se llama Joaquín Sánchez, y es que la explosión del portuense obligó a Varela a reinventarse como jugador. A la sombra de Joaquín, el sevillano se adaptó a su nuevo rol defensivo aunque sin olvidar nunca sus orígenes atacantes, y se asentó en Primera como uno de los laterales más completos del país. Tras 5 temporadas en el primer equipo verdiblanco en las que ganó una Copa del Rey y participó en la Champions League, fichó por el Mallorca, donde ha ido alternando actuaciones en el lateral y en el extremo, incrementando sus cifras goleadoras gracias a su potente disparo con ambas piernas y convirtiéndose en una pieza básica del cuadro bermellón.

Rubén Suárez: "el hijo del mítico Cundi" era la coletilla que solía acompañarle en 1999, y es que Rubén pertenece a una saga de futbolistas asturianos de la que su padre, que jugó 15 temporadas en Primera y llegó a ser internacional absoluto, sigue siendo el miembro más destacado. Naturalmente ligado al Sporting de Gijón, cuando viajó a Nigeria ya había debutado en el primer equipo gijonés, en el que se mantuvo hasta la temporada 2004-2005. Reconvertido en segundo delantero, ha desarrollado toda su carrera en Segunda División, puesto que a su etapa en el club que le vio nacer como futbolista le siguieron 4 fructíferos años en el Elche y un agitado verano 2008 en el que tras denunciar a los alicantinos por impago estuvo a punto de firmar por el Rayo y acabó en el Levante, donde sigue mostrando un gran olfato goleador. A sus 30 años, Rubén, que fue de Oro a los 20, se ha convertido en uno de los clásicos de la División de Plata.


sábado, 25 de abril de 2009

La lista de Sáez 10 años después (I)

Un mes antes habían salido hacia Nigeria casi en la clandestinidad, y ahora sus nombres y sus rostros acaparaban portadas y minutos de televisión. En los días siguientes a la consecución del título, mucho se habló y se escribió sobre estos 18 jugadores, se abrieron debates sobre la necesidad de dar más confianza a la cantera y sobre si era realmente necesario fichar tantos jugadores extranjeros. Pero tras las múltiples entrevistas, homenajes y recepciones oficiales, el eco del triunfo se fue apagando poco a poco. Unos meses después, a medida que la imparable máquina de generar noticias que es el fútbol seguía su marcha, sólo se hablaba de los campeones cuando alguno aparecía en Primera. Y un poco más tarde, la nada. Algunos se asentaron rápidamente en la máxima categoría, a otros les costó más, algunos tuvieron un paso efímero, otros simplemente no llegaron. ¿Qué fue de cada uno de los 18 campeones del mundo? En los próximos 3 días nos acercaremos un poco a las dispares carreras de estos chicos que un día fueron, sencillamente, los mejores.


Dani Aranzubia: en 1999 Aranzubia formaba parte del filial del Athletic Club de Bilbao, donde continuó la temporada siguiente al Mundial de Nigeria. Después de alcanzar la medalla de plata en Sidney 2000 pasó a formar parte de la primera plantilla del club bilbaíno, aunque para debutar en Primera tuvo que esperar hasta abril de 2001. Considerado como uno de los guardametas con más futuro de España, no logra asentarse en la portería rojiblanca hasta la temporada 2002-2003. Desde ese momento alterna buenas actuaciones con errores de bulto y da la sensación de que la presión de defender la meta de San Mamés puede con él. Aún así, es elegido por Iñaki Sáez para acudir a la Eurocopa de Portugal de 2004 como tercer portero, y debuta con la selección absoluta en un amistoso ante Andorra previo al torneo continental. Ahí acaba su carrera internacional. Poco a poco va perdiendo el sitio en el Athletic, alternándose con Iñaki Lafuente, hasta que finalmente se produce su salida al Deportivo de La Coruña en el verano de 2008. En el club gallego parece haber recobrado su nivel y se le ve con más confianza; ahora, con 30 años y asentado en Primera, todavía le quedan unas cuantas temporadas de fútbol por disfrutar.

Iker Casillas: no hay mucho que decir que no se sepa de uno de los jugadores más reconocidos del panorama mundial. Su debut en Primera División se produjo en la temporada 1999-2000, aprovechando la lesión de Bodo Illgner y las malas actuaciones del argentino Albano Bizzarri, y desde ese momento sólo César Sánchez fue capaz de apartarle de la portería del Real Madrid durante unos meses, hasta que su aparición estelar en la final de la Champions League de la temporada 2001-2002 (saltando al campo por la lesión del extremeño) despejó todas las dudas que pudiera haber en la mente de Vicente Del Bosque. Su carrera ha sido meteórica y ha estado marcada, además de por sus extraordinarias condiciones, por la fortuna de los elegidos: siempre ha estado en el momento preciso en el lugar adecuado. A los 16 años ya acudió como suplente a un partido de Champions en Noruega por la lesión de Illgner y la no inscripción en el torneo continental del titular del Castilla, en 1999 debutó en liga por las circunstancias ya comentadas, y en 2002, después de su inesperada y exitosa actuación en la final de Glasgow, se encontró con la titularidad de la selección absoluta en el Mundial de Corea por el extraño accidente sufrido por Santiago Cañizares en la habitación del hotel de concentración. Y desde luego Casillas nunca ha desaprovechado esas oportunidades que le ha presentado el destino. A sus casi 28 años está considerado como uno de los mejores porteros del mundo (si no el mejor), es el capitán de la selección nacional y tiene todas las papeletas para superar el récord de internacionalidades de Andoni Zubizarreta. Y por supuesto, sigue fiel a sus camisetas de manga corta.

Pablo Coira: sin duda una de las trayectorias más frustrantes de los 18 campeones. Coira jugaba en el Compostela en Segunda División, y tras su gran actuación en Nigeria el lateral se ganó su fichaje por el Celta. Sin embargo, pese a que llegaba con un cartel inmejorable, no cuajó en el club vigués, donde coincidió primero con Juan Velasco, que le acabó ganando el puesto, y después con el canario Ángel, que llegó como medio pero se acabó reconvirtiendo exitosamente en lateral. Después de lograr la histórica clasificación del Celta para la Champions, en 2003 ficha por el Alavés, recién descendido a Segunda, donde consigue ser titular pero sin apenas rastro del juego que le había hecho ser uno de los más destacados en el torneo juvenil. Desgraciadamente para él (y para el Alavés), Piterman se cruza en su camino y acaba cedido en el Recreativo de Huelva, donde apenas juega; en 2005 regresa sin ficha al Alavés y es cedido al Aris Salónica, donde tampoco tiene minutos. Sin contrato, entrena con el Arousa y realiza pruebas con varios equipos ingleses (Ipswich y Bradford), intenta sin éxito volver al Celta y en 2007 acaba aceptando la oferta del Castelldefels, de la Tercera catalana. A comienzos de esta temporada se incorpora a la plantilla del Espanyol B, donde a sus 29 años intenta reconciliarse con el fútbol.

David Bermudo: acudió a Nigeria siendo pieza importante del filial del Barcelona, pero pese a disputar algún encuentro amistoso y de Copa con el primer equipo no pudo hacerse con un hueco en la primera plantilla y se marchó al Tenerife en la hasta hoy última campaña de los chicharreros en Primera, la 2001-2002. Allí tampoco es un habitual de las alineaciones y en 2003 se va cedido al Algeciras, un recién ascendido a Segunda pero donde sigue sin ser capaz de ganarse el puesto. De vuelta en Tenerife su situación no mejora y en el verano de 2005 ficha por el Almería, donde en su primer año juega más partidos que nunca, 24, pero luego vuelve al ostracismo. En el club almeriense logra el ascenso a Primera pero Emery no cuenta con él y se marcha al Pontevedra, equipo que ya le quiso durante su estancia en Tenerife. Esta es su segunda temporada en Pasarón, en Segunda B.

Fco. Javier Jusué: seguimos con las historias de decepciones. Desde luego, si en 1999 hubiéramos tenido que apostar por cuál de los dos centrales titulares llegaría más lejos, muchos nos hubiéramos decantado por el chaval de Osasuna. Entonces todavía estaba en el filial rojillo, pero su imponente planta y su buen manejo de balón le auguraban una prometedora carrera profesional, y de hecho se llegó a rumorear un presunto interés del Real Madrid por su fichaje. Jusué sube a la primera plantilla osasunista en su vuelta a Primera (2000-2001), y durante las dos primeras campañas alterna la titularidad con el banquillo. Entonces se produce la llegada de Javier Aguirre, que le recomienda una cesión en Segunda para foguearse. Se va al Getafe, donde juega 20 partidos (muchos de ellos fuera de su puesto natural de central), pero a la vuelta de la cesión el mexicano no cuenta con él y tras medio año en blanco tiene que buscar su oportunidad en el Recreativo, nuevamente como cedido. Para su desgracia, su incorporación no es del agrado de Sergio Kresic, entonces entrenador del Decano, que buscaba reforzar otras posiciones y apenas le concede minutos. En verano de 2004 se incorpora a la Cultural Leonesa de Segunda B, donde las lesiones le impiden jugar con regularidad, y al año siguiente ficha por el San Sebastián de los Reyes. En el club madrileño sí consigue una plaza de titular (en Segunda B), y tras dos temporadas decide acercarse a casa fichando por el Logroñés C.F. (no confundir con el histórico C.D. Logroñés) . Pero no pudo llegar en peor momento a un club sin apoyo social y con importantes problemas económicos que acabaron con el descenso deportivo a Tercera y finalmente la desaparición (desgraciadamente el C.D. Logroñés siguió el mismo camino). Prácticamente retirado a sus 30 años, en enero de 2009 ficha por el modesto Lourdes de la Tercera División navarra, ya con el único objetivo de entretenerse con los amigos.

Carlos Marchena: uno de los 3 campeones sub'20 que formaron parte de la selección campeona de Europa en 2008. Marchena era un producto de la cantera sevillista que ya estaba asentado en el primer equipo de Nervión cuando llegó el Mundial de Nigeria. Esa temporada lograría con el Sevilla el ascenso a Primera, donde siguió siendo uno de los puntales de un equipo que no pudo mantener la categoría. En 2001 pasó al Benfica portugués, donde siguió su progresión, y al año siguiente entró en la operación de compra del esloveno Zahovic, lo que le llevó a Valencia. Ese mismo verano debuta con la selección absoluta en el primer partido de Iñaki Sáez al frente del combinado nacional. Con Benítez en el banquillo y Ayala y Pellegrino como centrales titulares, muchas de sus apariciones con el Valencia se producen como mediocentro defensivo y, aunque no goza de demasiados minutos, contribuye al logro del título de Liga. Desde entonces se va haciendo un fijo en su club, con el que gana otra liga y una UEFA, y en la selección, con la que disputa las Eurocopas de 2004 y 2008 y el Mundial de 2006. A comienzos de la 2006-2007 Quique Sánchez Flores le relega a un segundo plano al confiar en Raúl Albiol, pero la polivalencia del sevillano y su carácter luchador hacen que siga disfrutando de minutos, más aún cuando la llegada de Ronald Koeman aparta a Albelda del equipo y le concede a Marchena el brazalete de capitán, que mantiene después de la marcha del holandés y del regreso al grupo de Albelda. Discutido por muchos por su agresividad, no cabe duda de que en Austria calló muchas bocas.


viernes, 24 de abril de 2009

Japón - España: Historia sin historia

0-4

Cuando el árbitro argentino Angel Sánchez decretó el final del partido, hacía mucho que el encuentro había acabado. Quizá los casi diez minutos que España llevaba deambulando por el campo sin querer hacer más sangre del rival caído, o tal vez la media hora larga que hacía que la estrella rival había sido sustituída. Puede que el partido se acabara un poco antes, con el cuarto gol español, o que llegara al descanso ya finiquitado. En todo caso, aquella histórica final fue un partido sin historia. En una final, pocas veces dos equipos cumplen tan a rajatabla el guión establecido. Pero aquella tarde, ambas selecciones saltaron al césped del Estadio Nacional de Lagos dispuestas a interpretar sin fisuras el papel que se les había asignado: España favorita, Japón víctima.

Y pocos regalos de cumpleaños habrá recibido Iñaki Sáez como en su 56 aniversario: una final de un Mundial, un equipo que funciona solo y un amable rival dispuesto a colaborar con la fiesta. Así que sólo quedaba poner en marcha la maquinaria española sacando al once habitual y sentarse a disfrutar del espectáculo, sin presión. Porque aquella selección salía igual de enchufada en todos los partidos, y no solía tardar en dejar el primer destello. En esta ocasión, el chispazo salió de la conjunción entre un portero parsimonioso y un árbitro puntilloso: a los cinco minutos Minami se dio un paseo por su área con el balón en las manos y Sánchez decretó libre indirecto por pasos. Barkero no desaprovechó el regalo y fusiló la meta nipona por primera vez. Desde aquel momento se despejaron las pocas dudas que pudiera haber sobre el signo del partido. Sin su cerebro Shinji Ono, sancionado por acumulación de amonestaciones, Japón comprendió que la batalla estaba perdida y España inició su juego veloz y combinativo con el resultado habitual: varias acciones brillantes y tres goles en media hora. Sin demasiado esfuerzo, España penetraba en la defensa nipona cuando y como quería, mostrando la superioridad que se le suponía antes del partido. A los 15 minutos Pablo hizo el segundo aprovechando un gran pase de Xavi que le dejó mano a mano con el portero japonés, y repitió en el minuto 32 culminando una gran jugada colectiva. Entre medias, un par de acercamientos sin excesivo peligro de Takahara, el único que parecía dispuesto a presentar algo de batalla.


Así que cuando arrancó la segunda parte, con el partido definitivamente sentenciado, los esfuerzos españoles se centraron en pensar cómo celebrar el título y en ayudar a Pablo a conseguir el trofeo de máximo goleador en solitario, ya que con los dos goles de la primera parte sumaba 5 y empataba con Dissa, de Mali. A los cinco minutos de la reanudación, una triangulación perfecta dejó el balón a sus pies pero, obstaculizado por un defensor, tuvo que ceder el esférico a Gabri, que había iniciado la jugada y la remató como se merecía. Un nuevo gol para el barcelonista que hizo que Troussier, el técnico francés que dirigía a Japón, sacara la bandera blanca retirando a Takahara. España empezó a recrearse, perdiendo la oportunidad de marcar más goles por el afán de que Pablo culminase todas las jugadas, topándose a veces con el portero nipón (que pese al primer error y a la goleada fue de lo mejor de su equipo) y a veces con los fueras de juego señalados por un ugandés, Ali Tomusange, que 3 años más tarde sería copartícipe en el escándalo Al-Ghandour. Sáez retiró a tres de los más destacados a lo largo del torneo, Varela, Gabri y Barkero y, tal y como marcaba el guión, en medio de la alegría general se llegó a ese final que ya estaba escrito antes de empezar. Alrededor de las siete de la tarde, una hora más en la península ibérica, con cierta timidez y con cara de quien sabe que ha cumplido con su deber, Pablo Orbaiz levantó la copa: España era Campeona del Mundo sub'20.



Ficha del Partido:
Final del Campeonato del Mundo sub'20 disputada en el Estadio Nacional (Lagos). 38.000 espectadores.
JAPON 0: Minami (GK); Tsujimoto, Teshima, Sakai; Nakata, Ogasawara, Motoyama, Endo, Ujie (-45, Inamoto); Nagai (-69, Takada), Takahara (C) (-56, Bando)
ESPAÑA 4: Aranzubia (GK); Coira, Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz (C), Xavi, Varela (-63, Rubén), Barkero (-80, Aganzo), Gabri (-71, Colsa), Pablo
Goles: 0-1 Barkero (ESP, min. 5), 0-2 Pablo (ESP, min. 14), 0-3 Pablo (ESP, min. 33), 0-4 Gabri (ESP, min. 51)
Arbitro: Angel Sánchez (ARG)
Tarjetas: Bermudo (ESP, min. 16), Endo (JPN, min. 47), Jusué (ESP, min. 50), Orbaiz (ESP, min 73)

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
Crónica del diario El País (por Luis Gómez)


martes, 21 de abril de 2009

Mali - España: el cielo es el límite

1-3

Faltaban sólo unos segundos para el minuto 90 cuando Xavi se hizo con un balón suelto en la frontal. Bajo una espesa cortina de agua, y con varios compañeros secundando la incursión, el pequeño genio de Terrassa avanzó con decisión ante los pocos contrarios que intentaban contener la enésima contra española y lanzó un misil desde el borde mismo del área que se coló imparable en la portería de Mali. Fue sólo una jugada, casi la última, pero simboliza casi a la perfección lo que fue el partido y quizá también el campeonato: una selección española valiente y decidida, dispuesta a superar a todos los rivales y a luchar contra los elementos si era necesario, todo con el fin de alcanzar la meta fijada: el Campeonato del Mundo. Aquella tarde del 21 de abril la selección española saltó al campo de Kaduna con una sola idea en la cabeza: ganar. Y con esa mentalidad ganadora y sus sobresalientes condiciones futbolísticas, el único límte de España era el cielo.


La primera noticia del partido fue la vuelta de Aranzubia a la titularidad. Tras el recital de Casillas ante Ghana, la decisión de Sáez centró los comentarios de los espectadores durante apenas un minuto. Porque entonces la incursión de Barkero por la izquierda focalizó la atención de nuevo en el partido, y diez segundos después, mientras celebrábamos el gol de Varela, todos nos habíamos olvidado del debate. España había golpeado a los 67 segundos, antes de que Mali fuera consciente de que estaba disputando una semifinal mundialista. Y los africanos tardaron en reaccionar, incapaces de frenar los constantes movimientos de Gabri, Varela y Barkero y de taponar al cerebro español, Xavi. Los primeros minutos fueron una exhibición de juego español del mismo nivel mostrado ante Brasil en el partido inaugural. Sobre el campo se veía un equipo perfectamente ensamblado y que trabajaba con el objetivo de encontrar una y otra vez la meta rival, así que nadie se sorprendió cuando a los 25 minutos Varela definió un perfecto pase de Gabri y subió el segundo al marcador. Ese golpe despertó por fin a Mali, que recordó por qué estaba en el campo y no tardó en actuar en consecuencia. Habían llegado a semifinales como el equipo más goleador del torneo, así que el seleccionador Coulibaly decidió quemar sus naves antes de que fuera demasiado tarde y en el minuto 35 quitó a un defensa para dar entrada a Mahamadou Dissa, el héroe del partido ante Camerún. Poco a poco las llegadas españolas se fueron espaciando más en el tiempo, y el control del balón pasó a ser de Mali, aunque sin crear demasiado peligro.

Y tras el descanso se repitió la historia. España acusó el esfuerzo físico de la primera parte y las ganas de Mali hicieron el resto. Como ante Honduras y Estados Unidos, España se fue del partido y a los 5 minutos de la reanudación llegó el tanto africano. Su autor no podía ser otro que Dissa, que sumaba así su quinto tanto y se colocaba como máximo artillero del campeonato, con el mérito añadido de haber sido suplente en todos los partidos salvo uno. Curiosamente, ese día no marcó. Después del empate, Aranzubia demostró que su presencia en el marco español estaba más que justificada y salvó un par de ocasiones de Mali. Pero esta vez nadie estaba dispuesto a sufrir más de lo debido y la defensa española se mantuvo firme, sin conceder oportunidades a los delanteros rivales. Y bajo el diluvio, con casi todo Mali volcado sobre el área contraria pero chocando una y otra vez con el muro de Marchena y Jusué, llegó la sentencia de Xavi. España disputaría su segunda final de un Mundial sub'20. En la anterior, los Unzue, Goicoechea, Nayim, Rafa Paz, Losada y compañía no pudieron superar a Brasil. Veintidós años después, casi nadie dudaba de que los de Sáez volverían con el título.

No se dudaba porque el juego desplegado por España hasta aquel momento había sido prácticamente imparable, y la única sombra de duda era el bajón físico que acusaba el equipo en las segundas partes. Y no se dudaba porque enfrente no estarían los bicampeones argentinos, ni los magos brasileños, ni los poderosos nigerianos. Ni siquiera los correosos uruguayos: en la final estaría Japón, que culminó su torneo soñado derrotando a los charrúas por 1-2 en la otra semifinal. En una buena primera parte, donde se marcaron los 3 goles, Japón dominó a los sudamericanos con una gran actuación de Motoyama, que sirvió casi en bandeja los dos goles a Takahara y Nagai. Por el lado uruguayo era Pouso quien distribuía el juego ofensivo, aunque el gol llegó en una internada de Pellegrín que remachó en boca de gol Chevantón poniendo el empate a 1 provisional. En la segunda parte Uruguay se desesperó colgando balones que continuamente eran despejados por la zaga nipona, y apenas puso a prueba al portero Minami. Con más facilidades de las previstas, Japón se plantaba contra todo pronóstico en la final del Mundial, en una de las mayores sorpresas de la historia de los torneos juveniles, de por sí bastante propensos a actuaciones inesperadas.


Ficha del Partido:
Partido correspondiente a la primera semifinal, disputado en el Estadio Amadu (Kaduna). 16.000 espectadores.
MALI 1: I.Keita (GK); D.Coulibaly (-34, Dissa), Traore, Ad.Coulibaly, Camara (C) ; S.Keyta, Diakite, Am.Coulibaly, Diarra; Bagayoko, Cisse
ESPAÑA 3: Aranzubia (GK); Coira, Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz (C), Xavi, Varela, Barkero (-82, Rubén); Gabri, Pablo (-76, Yeste)
Goles: 0-1 Varela (ESP, min. 2), 0-2 Varela (ESP, min. 25), 1-2 Dissa (MLI, min. 51), 1-3 Xavi (ESP, min. 90)
Arbitro: Jun Lu (CHN)
Tarjetas: Camara (MLI, min. 29), Am.Coulibaly (MLI, min. 52)


Ficha Oficial disponible en FIFA.com
Crónica del diario El País (por Luis Gómez)

lunes, 20 de abril de 2009

Cuartos del final: el Mundial más mundial

Después del día 18 sólo quedaron cuatro equipos en liza y, al igual que ocurriera en los Mundiales de Arabia Saudí'89 y Australia'93, cada uno representaba a un continente. La palabra Mundial cobraba su máxima expresión. Cuatro equipos, cuatro países, cuatro continentes, cuatro maneras de entender el fútbol y una sóla meta: alzarse con el triunfo. Dominar el mundo. Aunque en honor a la verdad hay que decir que las cuatro selecciones compartían no solo el objetivo, sino también un mismo plan para alcanzarlo: el fútbol de ataque. Porque el primer mundial africano premió a los equipos sin miedo, a los equipos que buscaban siempre la portería rival sabedores de que gana el que mete más goles, y de que es más fácil ganar cuando se juega con el objetivo de marcar muchos tantos.

Tampoco sería justo encumbrar sólo a los cuatro semifinalistas. En el camino se quedaron otras selecciones con la misma apuesta atrevida, como Brasil, que ante Uruguay pagó caro el mal día de sus jugadores ofensivos a la hora de rematar las jugadas. Tras un comienzo igualado, los brasileños se adueñaron del balón y empezaron a rondar con peligro la portería de Fabián Carini hasta que poco antes de la media hora Fernando Baiano acertó a batir al meta charrúa. Pero los uruguayos tiraron de casta y empataron justo antes del descanso gracias a un zapatazo de Jorge Anchen, e incluso pudieron irse al vestuario con ventaja si Diego Forlán no hubiera marrado una clarísima ocasión. En la segunda parte Brasil siguió mandando pero no materializó sus oportunidades, algunas de manera casi inverosímil. También Uruguay tuvo ocasiones, y de hecho ambos equipos estrellaron sendos balones contra los postes por medio de Ronaldinho y Forlán. No parecía el día de los delanteros, así que tuvo que ser el lateral César Eduardo Pellegrín, subcampeón en Malasia'97 (y que en Nigeria batiría el récord de apariciones en un Mundial juvenil con 14 partidos, marca que todavía no ha sido igualada) quien, a falta de 5 minutos para el 90, se internó en el área carioca y fue derribado. Néstor Fabián Cannobio no desaprovechó el penalti y sentenció a Brasil. Su eliminación no podía calificarse de sorprendente, pero desde luego era una gran decepción que sumar a la de Malasia, donde también había caído en cuartos. Por su parte, Uruguay volvía a plantarse en semifinales y evidentemente el seleccionador Victor Púa no quería volver a dejar pasar la oportunidad de alzarse con el título.

En la penúltima ronda los uruguayos se las verían con la cada vez más sorprendente (o menos, según se mire) selección de Japón, a la que le habían bastado 25 minutos para doblegar a México. Los aztecas acusaron la baja de su capitán Rafa Márquez y no supieron reaccionar ante el tempranero gol nipón, logrado por Motoyama a los 2 minutos, así que los asiáticos siguieron mandando y Shinji Ono amplió la renta. La sorpresa iba tomando cuerpo, los mexicanos no encontraban el juego que les había servido para aplastar a Argentina y el partido se les fue escapando sin que lograran siquiera recortar distancias. Japón se metía en semifinales por primera vez en su historia y se convertía en el equipo preferido de los aficionados neutrales. La posibilidad de que el país del Sol Naciente ganara un Mundial de fútbol ya no existía sólo en los dibujos animados.

Los pronósticos también saltaron por los aires en el partido entre Mali y Nigeria. Los anfitriones, pese a todos los problemas internos que arrastraban (el seleccionador cesado y Haruna Babangida apartado del equipo por negarse a lanzar un penalti) debían ganar a Mali con autoridad. O al menos eso esperaban sus seguidores, y quizá la presión fue demasiado grande para los anfitriones. La presión y también el rival, que con un juego atractivo se encargó de desnudar las miserias nigerianas desde el minuto 1, cuando Mamadou Bagayoko batió por primera vez el marco local. Pese a que Nigeria logró la igualada momentánea por medio de Hashimu Barga, el tanto de Mamadou Diarra esta vez un minuto antes del descanso fue una losa ya imposible de levantar. En la segunda parte Mali se dedicó a contener el empuje sin ideas de los nigerianos y a dejar que Seydou Keita, cuya imponente figura crecía en cada partido, lanzara a sus compañeros al contragolpe. Finalmente, otra vez Bagayoko puso la puntilla a los anfitriones y certificó el pase a semifinales de la que al principio era la cuarta selección africana pero que se había quedado como la única con opciones de evitar que el título volara lejos del continente organizador. Y el primer equipo al que deberían batir para conseguirlo sería España.

sábado, 18 de abril de 2009

España - Ghana: Iker se luce en el apagón

1-1
(8-7)

Puede que no sea el mejor portero del mundo (o tal vez sí) pero lo que está fuera de toda duda es que Iker Casillas tiene un don: el de aparecer siempre en los momentos decisivos. Como en aquella final de un Europeo sub'16 cuando sólo tenía 15 años. Como en esa apretada final de Champions League que decidió con 3 paradas antólogicas después de entrar en frío a falta de 10 minutos. Como esa noche del pasado junio en Viena ante el ogro italiano que siempre convertía nuestros sueños en amargas pesadillas. O como todas esas veces que ha salvado a su equipo de un gol cantado. O, por supuesto, como aquella noche en Kaduna, Nigeria. Porque esa noche Iker hizo su presentación ante el mundo, aunque el mundo se lo perdiera por culpa de los elementos.

Pero vayamos por partes. En una decisión sorprendente, Iñaki Sáez le dio la alternativa al segundo portero de la selección. Luego se revelaría poco menos que la acción de un visionario, pero cuando los dos equipos saltaron al césped del estadio de Kaduna debemos reconocer que aquel portero con más cara de niño aún que sus compañeros (y no digamos que sus contrincantes ghaneses), más bien bajito y en manga corta no despertaba muchas confianzas entre los aficionados, pese a su buena actuación ante Honduras y al buen currículum que ya atesoraba el canterano del Real Madrid. Delante de él, el equipo ya de sobra concido por todos, y enfrente una de las selecciones más temibles en categorías inferiores, Ghana. Precisamente Ghana había apartado a Iker y a Xavi de la final del Mundial sub'17 de Egipto dos años antes, por lo que para ellos era una oportunidad única de tomarse la revancha. El primer tiempo fue muy disputado, con dominio inicial español, aunque el respeto que parecían tenerse ambas selecciones y la fortaleza que exhibían en defensa hacía que las jugadas pocas veces acabaran en las áreas. En una de esas escasas oportunidades, Gabri mandó un cabezazo al poste ghanés, poco antes de que los focos dijeran basta: al filo del descanso se produjo un apagón que mantuvo el juego detenido durante más de 5 minutos, el tiempo necesario para dejar que las bombillas se enfriaran y pudieran volver a coger potencia. El parón resumió lo que estaba siendo el partido, una lucha sin brillo.

Pero al igual que el apagón sirvió para que los focos volvieran a lucir con intensidad, el descanso sirvió a los jugadores para recobrar toda su energía, y la segunda parte fue otra cosa. Nuevamente España salió con más decisión y metió a los africanos en su área, y fruto de esa presión llegó el penalti sobre Barkero que él mismo transformó cuando sólo se llevaban 9 minutos de la reanudación. Entonces el dominio pasó a ser de Ghana, que aprovechó el repliegue español para rondar con peligro la meta de Casillas. España intentaba sentenciar al contragolpe, pero el gol ghanés se veía más cercano. Iker y Jusué salvaron 3 claras ocasiones, pero el esfuerzo de los jóvenes africanos tuvo un merecido premio en el momento más doloroso para el rival: en el tiempo de descuento, una falta lanzada por Ofori Quaye rebotó en una maraña de jugadores y se coló en la puerta española. El partido se iba a una prórroga que era justa dados los merecimientos de unos y otros pero que parecía un duro castigo para los españoles.

El impacto emocional del empate y el poderío físico africano parecía colocar a Ghana como favorita para un tiempo extra que en España apenas pudimos ver. Si en el primer tiempo los focos habían obligado a parar el juego, durante el resto del partido el apagón fue de imágenes, ya que se produjeron constantes cortes en la señal de TVE. Sólo la voz de Paco Grande, durante tantos años acompañante de las selecciones inferiores, nos mantenía informados del desarrollo de una prórroga en la que el temor al gol de oro y el cansancio acumulado convertían cada jugada en un susto, acentuado además por la ceguera temporal que sufríamos los televidentes. España se manejó mejor en el océano de nervios y contra lo que nos temíamos controló relativamente bien el juego, se defendió con el balón, provocó la expulsión de un contrario e incluso tuvo alguna oportunidad para llevarse el choque. Sin embargo, la media hora suplementaria pasó sin que nadie acertara a batir la meta rival y se llegó a los lanzamientos desde el punto fatídico.

Por aquel entonces, una tanda de penaltis en un partido de cuartos de final con una selección española implicada sólo tenía un resultado posible: una nueva decepción para los aficionados. Pero las mangas recortadas de Iker Casillas eran un símbolo de cambio. Estos juveniles demostraron no tener fantasmas en la cabeza, y la diosa Fortuna supo valorar esa nueva mentalidad. La tanda comenzó con los lanzadores mostrando una seguridad aplastante, y la tensión iba en aumento, acelerada por nuevos fallos en la señal que hicieron que nos perdiéramos algún penalti. Gabri falló el cuarto lanzamiento español, dando ventaja a Ghana que se puso 4-3 antes de la última ronda. Jusué lanzó el quinto con maestría y obligó al capitán ghanés, Hamza Mohammed, a marcar. La figura de Iker, que ya había estado cerca de parar algún lanzamiento, se agrandó, y el ghanés ajustó tanto su disparo que lo estrelló en el larguero. España había salvado el primer match-ball, pero sólo había forzado la muerte súbita. Como al comienzo de la tanda, ambos equipos lanzaron 3 nuevos penaltis sin fallo. Otra vez sin señal, los espectadores nos enteramos de que Varela también había transformado el cuarto. Como en los viejos tiempos, cuando los aficionados se reunían en torno a un aparato de radio para seguir el desarrollo de los partidos, todos nos acercamos inconscientemente a la tele mientras Paco Grande anunciaba que el defensa George Blay se disponía a lanzar. Con los puños apretados, todos contuvimos la respiración durante las décimas de segundo que tardó en llegarnos la confirmación de aquello para lo que estábamos rezando: Casillas atajó el flojo disparo del ghanés y comenzó a inscribir su nombre en el santoral deportivo español. No lo habíamos visto, pero España estaba en semifinales gracias al portero de la camiseta de manga corta, el benjamín de la convocatoria, un chaval de diecisiete años que había mostrado una madurez y un temple impropios de su edad. Aquella accidentada tarde marcada por los apagones seguramente creció un par de centímetros. No tardaríamos mucho en descubrir que había nacido un verdadero gigante.




Ficha del Partido:
Partido correspondiente a los cuartos de final, disputado en el Estadio Amadu (Kaduna). 18.000 espectadores.
ESPAÑA 1 (8): Casillas (GK); Coira (-106, Alex), Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz (C), Xavi, Varela, Barkero (-64, Rubén), Gabri, Pablo (-86, Yeste)
GHANA 1 (7): Adjei (GK); Blay, Amuzu, Issah (-73, Abdul), Hamza (C); Abdulai (-66, Gyan), Appiah, Razak, Ansah; Afriyie (-55, Adu), Ofori-Quaye
Goles: 1-0 Barkero (ESP, min. 54) (p), 1-1 Ofori Quaye (GHA, min. 90)
Tanda Penaltis*: 1-0 Xavi (ESP, gol), 1-1 Ansah (GHA, gol), 2-1 Alex (ESP, gol), 2-2 Razak (GHA, gol), 3-2 Yeste (ESP, gol), 3-3 Appiah (GHA, gol), 3-3 Gabri (ESP, para Adjei), 3-4 Amuzu (GHA, gol), 4-4 Jusué (ESP, gol), 4-4 Hamza (GHA, falla). 5-4 Bermudo (ESP, gol), 5-5 Gyan (GHA, gol). 6-5 Marchena (ESP, gol), 6-6 Abdul (GHA, gol). 7-6 Orbaiz (ESP, gol), 7-7 Ofori Quaye (GHA, gol). 8-7 Varela (ESP, gol), 8-7 Blay (GHA, para Casillas)
Arbitro: William Mattus (CRC)
Tarjetas: Issah (GHA, min. 38), Coira (ESP, min. 62), Hamza (GHA, min. 70), Varela (ESP, min. 76), Rubén (ESP, min. 80), Gabri (ESP, min. 91), Gyan (GHA, min. 92), Appiah (GHA, min. 93), Orbaiz (ESP, min. 97), Ofori Quaye (GHA, min. 99), Xavi (ESP, min. 117). Expulsado Adu (GHA, min. 104) por roja directa.


*Datos sobre la tanda de penaltis obtenidos del diario El Mundo Deportivo del 19 de abril de 1999



Ficha Oficial disponible en FIFA.com
Crónica del diario El País (por Óscar Sanz)




jueves, 16 de abril de 2009

Repaso a los octavos

Cuando el vigente campeón cae eliminado, siempre es noticia, y más si es a las primeras de cambio. Cuando el que cae eliminado casi a las primeras de cambio es el campeón de las dos últimas ediciones, y no sólo es eliminado sino casi humillado por su rival, es más noticia todavía. Así que la derrota de Argentina, campeón en Qatar'95 y en Malasia'97, ante México por 4-1 fue sin duda lo más destacado de la primera ronda de eliminatorias directas. Los argentinos se fueron al descanso con ventaja gracias a un gol de Galleti, pero los mexicanos salieron en tromba en la segunda parte y a los 10 minutos ya habían volteado el marcador. Después, dos grandes disparos de Juan Pablo Rodríguez y Luis González en sendos contrataques sentenciaron a la albiceleste. Pero México pagó un alto precio por eliminar al campeón, ya que su capitán Rafa Márquez, auténtico organizador del juego azteca desde el centro de la zaga, fue expulsado en el descuento y se perdería los cuartos de final.

En esa ronda los mexicanos deberían enfrentarse a la que ya entonces era la revelación del torneo, Japón. Los nipones habían perdido su primer partido ante Camerún y parecían llegar a Nigeria como meros comparsas, pero dos claras y merecidas victorias ante Estados Unidos (3-1) e Inglaterra (2-0) les habían servido para acabar primeros de grupo. Manejados magistralmente por Shinji Ono y con Naohiro Takahara como referente ofensivo, se habían convertido en una de las sensaciones del campeonato y se habían ganado el apoyo del público neutral por su exotismo y su juego alegre y ofensivo. En el partido de octavos dominaron claramente a Portugal y se adelantaron en el marcador al principio de la segunda parte, pero los lusos aprovecharon el bajón físico de los asiáticos para empatar y mandar el choque a la prórroga. No hubo goles y en la tanda de penaltis Japón estuvo más acertado, logrando el pase a cuartos y mandando a casa a otro de los teóricos favoritos.

En cualquier caso, esa parte del cuadro parecía tener un claro favorito: Brasil. Tras el duro comienzo ante España, la canarinha parecía haber despertado y después de golear a Zambia fue Croacia la que sufrió el rodillo brasileño. Dos goles de Ronaldinho en la primera parte dejaron encarrilado el partido, y a los 3 minutos de la reanudación se produjo una de las imágenes del campeonato: el penalti que transformó Fernando Baiano y que fue bautizado como el más lento de la historia. Baiano amagó, Pletikosa se lanzó a un lado y el carioca golpeó suavemente al balón, que entró mansamente por el centro de la portería mientras el cancerbero croata intentaba desesperadamente llegar a él, sin conseguirlo. Para unos es una obra maestra, para otros un gesto de desconsideración hacia el rival, pero en cualquier caso fue el gol que terminó de derrumbar a los croatas. Luego llegaría la rúbrica de Edu para redondear el 4-0 con el que Brasil reafirmaba su candidatura al título.

Su rival en cuartos sería su viejo conocido Uruguay, que se deshizo de Paraguay en una larguísima tanda de penaltis. Al comienzo de la segunda parte el partido parecía muy de cara para los uruguayos, que mandaban por 2-0 gracias a los goles de Ernesto Chevantón y Diego Forlán y contaban con un jugador más por la expulsión del paraguayo Marecos. Pero entonces llegó la reacción guaraní de la mano de Roque Santa Cruz, que marcó un penalti en el minuto 62 y logró el empate en el 86, ya con igualdad numérica tras la roja al uruguayo Pouso. Después de la preceptiva prórroga sin goles, en los penaltis los charrúas acabaron imponiéndose nada menos que por 10 a 9, por lo que en Nigeria se iba a poder disfrutar de todo un clásico del fútbol mundial, Brasil-Uruguay.


En la otra parte del cuadro se vivió el que seguremente fue el partido más loco de todo el torneo. Mali se impuso a Camerún por 5-4 en el tiempo suplementario, gracias a un gol de oro. Mali había abierto el marcador a los 9 minutos, pero los cameruneses habían remontado y se habían ido al descanso con una cómoda ventaja de 3-1. Con un hombre menos, Mali recortó distancias al cuarto de hora de la segunda parte; sin embargo, el segundo tanto de Gaspard Komol parecía sentenciar el encuentro. Contra todo pronóstico, y bajo la batuta de Seydou Keita, los malienses lograron la hazaña y Mahamadou Dissa se convirtió en el héroe de su equipo al empatar a 4 en el minuto 90. Los nervios hicieron presa en los jugadores de Camerún, que sin duda se habían visto en cuartos antes de tiempo, y se quedaron con nueve en la primera parte de la prórroga. Con ventaja numérica y la moral por las nubes, Dissa completó su tarde de gloria marcando el primer (y a la postre único) gol de oro del campeonato en el minuto 104.

Por su parte, Nigeria tuvo que esperar a los penaltis para eliminar a la campeona de Europa, Irlanda. En el banquillo de los anfitriones estaba la otra imagen del día, la presencia del holandés Thijs Libregts (por aquel entonces seleccionador absoluto nigeriano) que se hizo cargo del combinado sub'20 después de que la Federación de aquel país destituyera al anterior entrenador, Tunde Disu, por la mala imagen dada por el equipo en la primera fase, culminada con una derrota ante Paraguay por 2-1. Bajo las órdenes del nuevo técnico, Nigeria tuvo que esforzarse para igualar el tanto de Richard Sadlier en la primera parte, y hasta el minuto 70 no llegó el gol local, obra de Pius Ikedia. De ahí al final el dominio africano fue total, salvo alguna escaramuza aislada de Robbie Keane, pero se llegó al final de los 120 minutos sin novedades en el marcador. La suerte desde los once metros sonrió a Nigeria y se plantó en cuartos, aunque sin despejar las dudas existentes sobre su juego.

Además de Brasil y México, y en menor medida España, si alguien pasó a cuartos con cierta comodidad fue Ghana. El poderío físico de una de las grandes favoritas se impuso a una animosa selección costarricense que sin embargo no fue rival para un combinado pleno de fuerza y velocidad que se perfilaba como favorito para el título. Un gol de Owusu Afriyie en la primera parte y otro de Peter Ofori Quaye casi al final del partido bastaron para doblegar a los centroamericanos. Así las cosas, Ghana sería el fuerte rival que se encontraría España en la frontera entre el éxito y la decepción: los cuartos de final.

miércoles, 15 de abril de 2009

España - EE.UU.: duelo al sol

3-2

No hay nada peor para un equipo de fútbol que la relajación, y los nuestros comprendieron aquella tórrida tarde en Port Harcourt que, por muy superiores que pudieran ser a sus rivales, nunca debían darse un minuto de respiro. Porque, tirando de tópicos, no hay rival pequeño, en el campo son once contra once y fútbol es fútbol. Y hasta un puñado de jóvenes universitarios de un país sin tradición futbolera son capaces de meter en apuros a todo un equipo de semiprofesionales del país con la mejor liga del mundo y que habían sido capaces de bailar a la mismísima Brasil. Aunque para que eso ocurra tienes que dejarles creer que son capaces de hacerlo, y esa debió de ser la lección que sacaron los españoles del primer enfrentamiento a vida o muerte.


El partido se disputó el 15 de abril a las 4 de la tarde, la misma hora que había podido con las energías de España en el partido contra Zambia de la primera fase. Bajo el mismo sol abrasador, esta vez los de Sáez salieron dispuestos a sentenciar por la vía rápida, y el combinado estadounidense pareció querer contribuir a ello. España volvió a su alineación habitual, que ya empezábamos a recitar de carrerilla (Aranzubia-Coira-Bermudo-Jusué-Marchena-Xavi-Orbaiz- Varela-Barkero-Gabri y Pablo), y a su juego ofensivo de toque y desmarques. La defensa estadounidense no era capaz de frenar las incursiones de Gabri, Barkero, Varela y Coira y el portero Howard no daba sensación de seguridad. Varela fue el primero en aprovechar sus errores de cálculo y, tras superar su alocada salida, cedió para que Pablo abriera el marcador a los 15 minutos y dedicara el gol al lesionado Álvaro Rubio. Parecía que se confirmaban las impresiones de que sería un partido plácido para España, más aún cuando Xavi ejecutó magistralmente un libre directo 4 minutos después. Como en el partido ante Honduras, el juego español desarboló por completo a su rival y a la media hora Pablo ya había puesto el 3-0 tras una buena combinación con Gabri.

Pero al igual que pasó ante los centroamericanos, España salió a verlas venir tras el descanso. Y vinieron, vaya si vinieron: no habían pasado ni 5 minutos cuando el goleador Twellman cazó un balón completamente solo en el área española y puso el 3-1. Quizá por el calor, quizá por haber creído que el pase a cuartos ya estaba hecho, España fue incapaz de reaccionar, cedió el balón y el terreno y Estados Unidos empezó a llegar con cierto peligro. Sáez vio que el partido se le iba de las manos y trató de poner algo más de velocidad arriba con Aganzo y Rubén en lugar de Pablo y Barkero. No funcionó, y el encuentro siguió inclinado hacia la meta de Aranzubia, tanto que hubo que sacrificar a Gabri para introducir a Colsa con el objetivo de conseguir un poco más de contención y manejo de balón en el centro del campo. Pero ni por esas, España estaba fundida y acabó pidiendo la hora después de que otro cabezazo de Taylor Twellman besara las mallas españolas en el minuto 90. Afortunadamente no quedaba tiempo para más y el pitido final fue un soplo de aire fresco bajo el implacable sol nigeriano: los nuestros pudieron respirar tranquilos después de haberse puesto la soga al cuello.


Ficha del Partido:
Partido correspondiente a los octavos de final, disputado en el estadio Liberation (Port Harcourt). 15.600 espectadores.
ESPAÑA 3: Aranzubia (GK); Coira, Bermudo, Marchena, Jusué; Orbaiz (C), Xavi, Varela, Barkero (-74, Rubén); Gabri (-79, Colsa), Pablo (-58, Aganzo)
ESTADOS UNIDOS 2: Howard (GK); Cherundolo, Bocanegra, García (C), Califf; Morrison, Thorrington, Downing (-58, Beasley), Albright; Gomez (-44, Tsakiris), Twellman
Goles: 1-0 Pablo (ESP, min. 15), 2-0 Xavi (ESP, min. 19), 3-0 Pablo (ESP, min. 32), 3-1 Twellman (USA, min. 49), 3-2 Twellman (USA, min. 90)
Arbitro: Carlos Simon (BRA)
Tarjetas: Bermudo (ESP, min. 40)



Ficha Oficial disponible en FIFA.com
Crónica del diario El País (por Luis Gómez)



domingo, 12 de abril de 2009

La primera criba

El telón de la primera fase se cerró sin demasiadas sorpresas, pero sí con muchas sensaciones sorprendentes. Las únicas selecciones que hicieron las maletas antes de lo previsto fueron dos potencias europeas, Alemania e Inglaterra. Los alemanes habían llegado como favoritos en virtud de su condición de subcampeones de Europa, y tras su cómoda victoria en la primera jornada (4-0 ante Paraguay) parecían refrendar su candidatura al título. Sin embargo, la derrota por 2-0 en la segunda jornada ante los anfitriones hizo que el partido contra Costa Rica se convirtiera en decisivo, y entonces los nervios pudieron a los jóvenes teutones, que cayeron derrotados por 2-1 y concluyeron en la última posición de su grupo. El mismo camino que Alemania tomó Inglaterra, con la deshonra añadida de marcharse de Nigeria sin puntuar y sin marcar un solo gol en un grupo a priori sin demasiados rivales de entidad: Camerún, Japón y Estados Unidos vencieron a los pross sin excesiva dificultad. En su descargo, hay que decir que tanto Alemania como Inglaterra acudieron a Nigeria sin varios de sus mejores hombres, que no fueron liberados por sus clubes. Junto a alemanes e ingleses, las otras selecciones que se marcharon a casa últimas de sus grupos fueron Kazajstán, Arabia Saudí, República de Corea y Honduras.

Pero si hasta ese momento el campeonato no estaba siendo especialmente pródigo en eliminaciones sorprendentes, sí estaba dejando detalles que presagiaban posibles descalabros de algún otro favorito. Argentina, campeón en Malasia'97, tuvo que agradecer a sus archienemigos brasileños la goleada que éstos infligieron a Zambia en la última jornada, puesto que al acabar en la tercera posición de su grupo con 4 puntos (los mismos que Costa Rica, Uruguay y Zambia, que también fueron terceros en sus respectivos grupos), hubo que esperar a que el gol-average decidiera qué selección acompañaba a Australia (3 puntos) como una de las dos peores terceras. Al final, la victoria canarinha por 5-1 fue clave y los zambianos se quedaron fuera de unos octavos que habían acariciado con la punta de los dedos.

Otras selecciones que dejaron dudas sobre su rendimiento fueron Portugal y Uruguay (aunque ambas compartían con Mali el que probablemente fuera el grupo más potente), así como la propia Brasil o Nigeria. Los sudamericanos parecían letales en ataque pero su defensa era extremadamente lenta y el trabajo defensivo de sus centrocampistas brillaba por su ausencia; mientras que el anfitrión parecía acusar la presión de jugar en casa y no daba muestras de ser el equipo temible que se esperaba. En cambio, otros equipos africanos como Ghana o Mali empezaban a meter miedo, y se postulaban como serios aspirantes al título en un grupo de favoritos en el que también había que incluir a España por méritos propios.

Entre las sorpresas agradables, México presentaba un juego rápido y vistoso que le hacía encabezar el segundo grupo de aspirantes, un grupeto en el que se incluían a las ya mencionadas selecciones que partían como favoritas pero que no estaban dando su nivel y también a las revelaciones del torneo como Croacia, Costa Rica, Estados Unidos o Japón. Todas ellas practicaban un fútbol eminentemente ofensivo, cada una con sus peculiaridades, pero que las convertía en rivales a tener en cuenta.

En cuanto a los nombres propios de la fase de grupos, el alemán Enrico Kern fue el primero en destacar con su hat-trick ante Paraguay en la primera jornada. Peter Ofori Quaye (GHA) también tomó la responsabilidad anotadora de su selección, al igual que Damien Duff en Irlanda y Simao Sabrosa en Portugal. Otros referentes ofensivos para sus respectivos equipos eran Taylor Twellman (USA) o Naohiro Takahara (JPN), mientras que Esteban Cambiasso (ARG) era el líder que intentaba tirar del carro argentino (no en vano era el tercer mundial juvenil que disputaba el por aquel entonces canterano del Real Madrid). Rafa Márquez hacía lo propio en la selección azteca, además de sumar un par de goles gracias a su potente disparo y a su buen juego aéreo. Obviamente, los españoles también estaban brillando, y los dos goles de Gabri ante Brasil no habían pasado desapercibidos, como tampoco las dotes de organización de Xavi o las cabalgadas de Varela.

Tras una brillante primera fase en la que se marcaron 102 goles en 36 partidos, los cruces de octavos de final quedaron establecidos de la siguiente forma:

República de Irlanda - Nigeria
Mali - Camerún
España - Estados Unidos
Ghana - Costa Rica
México - Argentina
Japón - Portugal
Paraguay - Uruguay
Brasil - Croacia

Las eliminatorias estrella eran los dos duelos entre equipos de la máxima rivalidad (Paraguay-Uruguay y Mali-Camerún), y el choque entre Argentina y México. La suerte estaba echada, y el día 14 de abril comenzaría la fase decisiva del campeonato.

Honduras - España: Minutos para todos

1-3

A estas alturas del campeonato, que España era un verdadero equipo y no solo una conjunción de 18 jugadores ya se suponía, pero quedó suficientemente demostrado la tarde del 11 de abril en Port Harcourt. Por una de esas extrañas decisiones de la FIFA, los partidos de la última y decisiva jornada de la fase de grupos no se jugaron a la misma hora, y España saltó al terreno de juego sabiendo que, salvo debacle, estaba clasificada para octavos. Una hora antes, y en el mismo lugar, Brasil se había merendado a Zambia (5-1, con goles de Ronaldinho, Fernando Baiano y Fabio Aurelio, entre otros), por lo que lo único que estaba en juego era la primera plaza del grupo que permitiría un cruce teóricamente más cómodo en octavos de final.


Sáez decidió dar descanso a varios habituales y presentó un once con las novedades de Casillas en la puerta, Álvaro Rubio en el centro de la zaga, Colsa y Yeste en el centro del campo y Rubén Suárez en la izquierda. Enfrente estaba un cuadro hondureño que contaba sus partidos por derrotas y que también incluyó novedades respecto a los encuentro anteriores. Y, como era de esperar, el duelo de revoluciones cayó claramente del lado de España. La primera parte fue una nueva exhibición de juego español, que en media hora dejó el choque visto para sentencia. Pablo abrió el marcador a los 11 minutos de un espléndido cabezazo con el que inauguraba también su cuenta goleadora en el torneo. La escasa resistencia hondureña terminó por venirse abajo cuando en el 27 Varela lanzó un auténtico misil a la escuadra, y 5 minutos después, en pleno festival español, Rubén realizó una gran jugada individual para anotar el tercero. Aparentemente sin demasiado esfuerzo, España había cumplido con los deberes.

Visto el panorama, el seleccionador español optó por seguir rotando jugadores y en el descanso David Aganzo y Alex Lombardero sustituyeron a la pareja ofensiva titular, Pablo y Gabri. Honduras salió con más bríos y España se dedicó poco más que a pasar el rato, y como suele ocurrir en estos casos llegó el susto: a los diez minutos de la reanudación, Alvaro Rubio chocó con un rival en un balón dividido y salió con el peroné fracturado. La grave lesión del chaval del Zaragoza terminó de sacar a España del partido y desde ese momento sólo la gran actuación de Casillas impidió que el problema fuera mayor. Pese a los esfuerzos del benjamín de la convocatoria, Honduras logró hacer el gol del honor en el minuto 76, por medio de Carlos Oliva. Bajo la intensa lluvia tropical que solía acompañar a los encuentros del último turno se llegó al final del partido. España era primera de grupo y comenzaría la fase decisiva enfrentándose al segundo del igualadísimo grupo E.


Ficha del Partido:
Partido correspondiente a la tercera jornada del grupo F disputado en el estadio Liberation (Port Harcourt). 16.000 espectadores
HONDURAS 1: Siliezar (GK); Izaguirre, Vásquez, Vallecillo, M. Suazo (-45, Tilguath); Contreras, Oliva (-77, Fortín), Marín, Gutiérrez; D. Suazo (C), León (-45, Raudales)
ESPAÑA 3: Casillas (GK); Coira, Bermudo, Jusué, Alvaro Rubio (-55, Orbaiz); Yeste, Colsa, Varela, Rubén; Gabri (-45, Alex), Pablo (-45, Aganzo)
Goles: 0-1 Pablo (ESP, min. 11), 0-2 Varela (ESP, min. 27), 0-3 Rubén (ESP, min. 32), 1-3 Oliva (HON, min. 76)
Arbitro: Mohamed Guezzaz (MAR)
Tarjetas: Gutiérrez (HON, min. 24), Alvaro (ESP, min. 46), Raudales (HON, min. 47), Izaguirre (HON, min. 50), Aganzo (ESP, min. 70), Contreras (HON, min. 70)

Ficha Oficial disponible en FIFA.com
Crónica del diario El País (por Ramón Besa)