miércoles, 29 de julio de 2009

2006, Europeo sub'17: Vuelta al sendero del éxito

Después del mazazo que supuso la no clasificación para el Europeo de 2005 al perder en la última fase previa (la denominada "Ronda Élite") ante Suiza, a la postre campeona del torneo, y que significó la primera ausencia de España en veinte años a la fase final de un campeonato de la categoría, el año 2006 debía ser el de la recuperación. Una nueva hornada de chavales, la del 89, se ponía bajo la sabia batuta de Juan Santisteban para intentar devolver a España al lugar de honor al que nos tenían acostumbrados nuestros jóvenes futbolistas, y lo cierto es que, como casi siempre, el equipo que acudió a Luxemburgo para disputar la fase final era uno de los grandes favoritos para alzarse con la victoria. Tras una fase de clasificación no demasiado exigente celebrada en Chipre ante el cuadro local, Gales y Moldavia, y que se superó con una destacada actuación del valencianista Aarón Ñíguez, España llegaba llena de confianza a la cita luxemburguesa, dispuesta a confirmar las expectativas que había vuelto a levantar este nuevo grupo. El Campeonato de Europa se celebró del 3 al 14 de mayo con el formato habitual de dos grupos de 4 equipos. Equipos clásicos como Francia, Portugal o Inglaterra no habían logrado su pase, y por contra la pujanza de los países del este de Europa iba en aumento, con la presencia de Rusia (debutante en un campeonato sub'17), República Checa, Hungría y Serbia y Montenegro. Además del anfitrión Luxemburgo, completaban el cartel una sorprendente Bélgica y la sempiterna Alemania. España quedó encuadrada en el grupo A, junto a Luxemburgo, Hungría y Rusia.
Debutar contra Luxemburgo, débil selección que acudía por vez primera a un europeo de categorías inferiores (y gracias a ser el organizador), debía servir para empezar el torneo con buen pie, y como no podía ser de otra manera el guión se cumplió a rajatabla: un cuarto de hora bastó para sellar la abismal diferencia entre ambos conjuntos y dejar finiquitado el partido con dos goles de Ñíguez y otro del atlético Rubén Ramos, amén de un buen puñado de acercamientos peligrosos y varios disparos a la madera. No había historia posible en un choque tremendamente desigual e impropio de un Campeonato de Europa, y en el descanso Santisteban se decidió a dar la alternativa a uno de los jugadores del 90, el delantero Bojan Krkic, todavía con 15 años, que desde luego no dejó pasar la oportunidad para darse a conocer definitivamente ante los seguidores del fútbol base. Y es que el jugador del Barcelona, que reemplazó al bigoleador Aarón, se destapó con un hat-trick en apenas media hora: primero aprovechando una buena dejada de Ramos, luego cazando oportunamente un balón suelto en el área y finalmente culminando una preciosa jugada personal para cerrar el marcador definitivo, que fue de 7-1 para los nuestros. Entre medias del show de Bojan hubo tiempo para que el jugador del Villarreal José Hermosa subiera al marcador el gol que en ese momento significaba la manita y hasta para que Luxemburgo hiciera el gol del honor por medio de Pjanic, que sorprendió a Sergio Asenjo con un lanzamiento lejano.
El segundo partido se presumía mucho más igualado, ya que enfrente estaría Rusia, que también había vencido en la primera jornada. Así pues, ganar significaba clasificarse virtualmente para las semifinales, ya que sólo una amplia derrota ante Hungría en la última jornada pondría en peligro el pase a la penúltima ronda. Sorprendentemente tras su exhibición ante los organizadores, Santisteban no eligió a Bojan para sustituir al lesionado Emilio Nsue, sino que optó por dejar al barcelonista en el banco y dar la alternativa al centrocampista del Villarreal Marcos Gullón. La primera parte transcurrió sin muchas ocasiones de peligro, en buena medida por el férreo entramado defensivo tejido por los rusos del que sólo Aarón era capaz de liberarse, y con cuentagotas, por lo que en el descanso Santiesteban no tuvo más remedio que dar entrada a Bojan para ver si el benjamín del grupo era capaz de cambiar el panorama. Y como no podía ser de otra manera, el chaval de Linyola volvió a ser el principal referente ofensivo de un equipo que casualmente (o quizá no) se mostró mucho más incisivo que en el primer tiempo. Tras un par de buenos intentos de Rubén Ramos, Bojan regaló el primer gol a Aarón Ñíguez, que aprovechó un pase de la muerte del barcelonista en el minuto 57. Apenas cinco minutos después, el recién ingresado Cristian Vergara remachó un disparo de su compañero en el Barça que casi se colaba, y a cinco minutos del final fue Gullón el que cazó un despeje del portero ruso, a disparo cómo no de Bojan, para hacer el 3-0 definitivo.
La clasificación para semifinales estaba encarrilada pero Santisteban no quería sorpresas y, sabiendo de la más que probable abultada victoria de Rusia ante Luxemburgo, contra Hungría decidió sacar a su mejor once posible para evitar posibles combinaciones que dieran con España en la calle o clasificada como segunda de grupo. Con Gullón fuera del equipo por enfermedad, Aarón Ñíguez formó pareja de ataque con Rubén Ramos, que fue el encargado de inaugurar el marcado pasado el cuarto de hora al rematar un buen centro del osasunista César Azpilicueta. Llovía a cántaros sobre Luxemburgo y España se dedicó a mantener la posesión, con especial protagonismo para otro de los más jóvenes del grupo, el mediocentro Ignacio Camacho, titular indiscutible ya desde la fase de clasificación. Sergio Asenjo tuvo que solventar un par de acercamientos húngaros, propiciados más por la relajación propia que por el acierto del rival, y ya cerca del final tuvo que ser Bojan Krkic, que había vuelto a entrar en el descanso, el que colocara el tranquilizador 2-0 al transformar un penalti. España acababa como primera de grupo con pleno de victorias y teniendo en sus filas al máximo realizador del torneo, un Bojan que jugando sólo las segundas partes llevaba ya 4 goles.
El rival en semifinales sería la República Checa, que se había paseado junto a Alemania por el grupo B y que se había adjudicado la segunda plaza por su menor capacidad anotadora. Además, tenía la baja de su principal goleador, Tomas Necid, lo que parecía decantar un poco más la balanza hacia el lado español, a pesar de que los nuestros también tenían las bajas de Nsue y Azpilicueta. Por primera vez Santisteban le daba la titularidad a Bojan y la tripleta que formaba el barcelonista con Aarón y Ramos parecía suficiente aval como para pensar en una nueva victoria para España, pero desde el primer momento se vio que algo fallaba en el equipo. La ordenada defensa checa abortaba cualquier intento de penetración y su trabajador centro del campo ahogó al nuestro, desactivando por completo el juego español. El partido pintaba parecido al disputado ante Rusia, pero esta vez no teníamos la opción de Bojan como revulsivo y además nos encontramos con dos grandes obstáculos en el camino: primero el golazo del checo Pekhart, que sorprendió a Asenjo con un voleón desde treinta metros, y luego la expulsión por doble amarilla del central del Atlético Roberto García justo antes del descanso. Cuál fue el golpe más duro es díficil de saber, pero el caso es que España desapareció del campo en la segunda parte y, aunque dominaba tímidamente, nunca dio sensación de peligro. En el minuto 59 llegaría la sentencia, al culminar con maestría Vošahlík una veloz jugada de los checos, y de ahí al final sólo la impotencia de unos chavales que no pudieron sobreponerse a las adversidades y que acabaron cayendo ante un equipo inferior pero que supo jugar sus bazas con inteligencia.
En el amargo partido por el tercer puesto España se encontró con Alemania, también eliminada por sorpresa en semifinales ante una Rusia muy defensiva (pero que en una bonita final ante los checos acabaría llevándose el título en los penaltis). La final que todos esperaban se había convertido en una descafeinada batalla por la tercera plaza en la que los seleccionadores optaron por dar minutos a los menos habituales. Sin duda el que mejor aprovechó la oportunidad de Santisteban fue el guardameta atlético Jesús Coca, principal artífice de que Alemania no se fuera al descanso con ventaja al desbaratar las ocasiones teutonas. En la segunda parte hubo más movimiento con la entrada de jugadores como Bojan Krkic, Manuel Fischer, Marko Marin y Toni Kroos, y de hecho fueron los goleadores de ambos equipos (Bojan y Fischer) los que se encargaron de mover el marcador, primero el español y luego el alemán. En la prórroga hubo multitud de ocasiones para que cualquiera de las dos selecciones se llevara el gato al agua pero los porteros ganaron la batalla a los delanteros y se llegó a la tanda de penaltis. Ahí Coca resultó decisivo, deteniendo los lanzamientos de Fischer, Schorch y Kroos, y España se hizo con el premio de consolación, poniendo punto final al campeonato con una sonrisa y con Bojan Krkic como pichichi. Y es que si bien el resultado final del torneo no fue todo lo bueno que se esperaba, al menos este Europeo sirvió para tranquilizarnos y demostrar que tras el aciago 2005 sólo había un simple mal año y no un problema más profundo para la prolífica cantera hispana.

sábado, 25 de julio de 2009

2005, Mundial sub'20 (y III): Messi nos corta las alas

3-0

Esta vez España no había tenido suerte en el sorteo de las eliminatorias y en su camino hacia la final se vislumbraban los temibles nombres de Argentina o Brasil, eso si las potencias sudamericanas superaban antes duros escollos como eran las selecciones de Colombia, China o Alemania. Desde luego, nada que ver con los asequibles enfrentamientos de otros campeonatos. Empezando por el principio, el partido de octavos de final sería una reedición de la final continental del año anterior, ya que nos enfrentaríamos a Turquía, que había superado con bastantes apuros un grupo en el que estaban China, Ucrania y Panamá. Sin embargo, en este partido no habría tanta igualdad como en los duelos del verano anterior, ya que desde el comienzo España salió con las ideas muy claras y puso en constantes apuros al meta turco, aunque su superioridad no se tradujo en goles hasta casi la media hora, cuando Juanfran aprovechó una generosa dejada de Llorente para marcar de cabeza tras un córner. Pocos minutos después el propio Juanfran doblaría la ventaja con un buen disparo desde fuera del área, poniendo un marcador cómodo y que desde luego hacía justicia al juego desplegado por los dos equipos. En la segunda parte el panorama no cambió pese a los cambios introducidos por el seleccionador turco, y Robusté marcó de cabeza en otro córner. Con el partido decidido Sáez dio descanso a tres pilares fundamentales del equipo (Cesc, Juanfran y Zapater), pero los que quedaban en el campo querían divertirse y vimos por ejemplo a Gavilán buscando su golito insistentemente o a Raúl Albiol saliendo de su puesto de central para realizar un par de jugadas dignas de Beckenbauer que no acabaron en gol de milagro. En cualquier caso el pase a cuartos era un hecho y allí nos enfrentaríamos a una selección argentina que avanzaba al paso que marcaba un futbolista criado en España.

Ficha Oficial del partido disponible en FIFA.com
Crónica del partido (por FIFA.com)


El resto de partidos de octavos de final, salvo la cómoda victoria de Holanda sobre Chile por 3-0, se caracterizó por la igualdad, ya que sólo la renacida Italia fue capaz de vencer por más de un gol (y eso tras ir perdiendo 1-0 al descanso ante Estados Unidos). Brasil sufrió para vencer por la mínima a la orgullosa selección de Siria, mientras que Alemania sorprendió eliminando a una de las selecciones que mejor cara habían mostrado en la primera fase, China, con un gol en el último minuto. Nigeria había necesitado de un afortunado gol del lateral Taiwo para superar a la incómoda Ucrania, mientras que Argentina se había encomendado a Messi para que resolviera su encuentro ante Colombia. El jovencísimo jugador del Barça no defraudó a los suyos y primero marcó el gol del empate y después, ya en el descuento, protagonizó la jugada que convirtió a Barroso en el héroe del partido.



3-1

Después de un camino sin sobresaltos llegaba el día de enfrentarnos a un rival de verdadera entidad que también optaba a todo, Argentina. Este partido era para muchos toda una final anticipada, en la ronda que separa el éxito de la decepción. Y entonces todos los pequeños atisbos de duda que nos había ido dejando el juego de la selección se plasmaron de golpe en un encuentro que sencillamente la albiceleste supo jugar y los nuestros no. Con una salida en tromba, los de Pancho Ferraro dejaron tocados a los de Sáez y crearon multitud de oportunidades que no acabaron en gol unas veces por el acierto de Ribas y otras por la escasa puntería de los rematadores argentinos. Incluso se le anuló un gol de falta a Messi por entender el colegiado que hubo fuera de juego posicional de un atacante sudamericano. Finalmente, en el minuto 19 el capitán Pablo Zabaleta sí acertó a rematar a bocajarro un balón servido por Nery Cardozo y subió el 1-0 al marcador. El centro del campo español se veía continuamente superado por el argentino, pero al menos tras el gol el equipo hizo un esfuerzo por irse adelante y la pegada de sus hombres de ataque hizo el resto. En una buena jugada por banda, Molinero puso un balón a Llorente que éste cedió para la entrada en carrera de Zapater, que fusiló a Ustari. Sin hacer nada del otro mundo, España había tardado poco más de diez minutos en equilibrar el partido, y eso era casi lo único que nos daba esperanzas, porque la zaga hispana seguía dando alarmantes muestras de nerviosismo y falta de trabajo táctico. En la segunda parte España salió dispuesta a no dejarse sorprender y pudo por fin mover el balón con más facilidad, pues la presión de Zabaleta bajó algunos enteros, pero las oportunidades no llegaban. Fue entrando en el momento clave del partido, casi en el ecuador de esta segunda mitad, cuando, en una jugada sin aparente peligro, Messi dibujó un perfecto pase a la espalda de la defensa española que el extremo Oberman aprovechó para plantarse ante Ribas y batirle con calidad. Y sólo dos minutos después, ante el desconcierto de la descolocada zaga española, el propio Messi recogió un mal despeje de Molinero y maniobró con rapidez para colocar el balón lejos del alcance del meta espanyolista. Quedaban casi veinte minutos pero el golpe había sido demasiado duro y España no pudo levantarse. Como le ocurriera el verano anterior con la absoluta, Sáez tampoco acertó con los cambios y el equipo murió impotente sin apenas inquietar la portería de Ustari.


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Crónica del partido (por FIFA.com)


De esta manera se despedía España de un torneo en el que, pese a la inmaculada trayectoria hasta cuartos de final, siempre dio la sensación de estar jugando a medio gas. Si dos años antes la selección de Ufarte había basado su éxito en una fortaleza defensiva que compensaba la falta de pegada de sus delanteros, en Holanda el equipo pareció confiado por la indudable calidad de sus hombres de ataque y nunca dio sensación de auténtica consistencia. La línea defensiva dejó muchas dudas, con un Albiol que todavía estaba completando su adaptación al puesto de central y que cometía algunos errores de posicionamiento, y en general toda la zaga daba muestras de una muchas veces desesperante (y peligrosa) costumbre de querer sacar siempre el balón jugado a pesar de la presión rival, lo que provocó bastantes situaciones de peligro, generalmente bien solventadas por Ribas. El jugador más destacado de esta línea fue el valenciano José Enrique, quizá por lo desconocido, ya que desde que apareció ante Chile se mantuvo siempre a buen nivel tanto en defensa como en sus potentes incursiones en ataque. En el centro del campo, con Cesc algo justo de forma tras su lesión y jugando más retrasado que en la sub'17, lo que le restaba llegada al área rival, Zapater se convirtió pronto en el amo y señor de la parcela ancha, mostrando una gran inteligencia táctica fruto de su año de experiencia en Primera. Su superioridad ante la mayoría de rivales era tanta que en ocasiones daba la impresión de ser un veterano jugando entre niños, y a juicio de muchos expertos fue el mejor jugador de la selección. En los costados tanto Juanfran como Gavilán evidenciaron que su progresión desde el anterior Mundial había seguido su curso y fueron siempre un quebradero de cabeza para las defensas rivales, al igual que Silva, muy activo y peligroso partiendo desde ambas bandas. En cuanto a los delanteros, Jonathan Soriano se mostró bulllicioso aunque poco resolutivo, buscando más el adorno que la efectividad, mientras que Fernando Llorente se destapó como algo más que un ariete tipo tanque, cayendo bien a banda y participando bastante en el juego de toque de sus compañeros aunque, a pesar a sus cinco tantos, que le mantuvieron en la lucha por la Bota de Oro hasta el final, dejó alguna duda sobre su instinto goleador, ya que desperdició varias ocasiones claras por querer ceder la bola a algún compañero no siempre mejor situado. Pese a todo, el nivel general fue más que aceptable, al menos hasta el fatídico cruce de cuartos. En conclusión, un campeonato que nos dejó el agridulce sabor de boca de saber que el equipo pudo haber alcanzado cotas más altas de no habernos cruzado con el futuro e indiscutible campeón, liderado por un pequeño genio llamado a marcar una época en la historia del fútbol. No deja de ser un triste consuelo.


Y es que después de este partido nadie dudaba de que Messi se había convertido en la aparición más destacada de un campeonato juvenil desde que Diego Armando Maradona deslumbrara al mundo en Japón 1979. El escurridizo argentino mostraba una velocidad endiablada y un regate imparable, era capaz de aparecer en cualquier parte del ataque, y sólo su menudo físico y una pizca de nerviosismo a la hora de definir podían restarle algunas décimas a la hora de valorar su futuro impacto en el fútbol mundial. Como hemos visto, nada que no solucione el tiempo. El siguiente equipo en sufrir las diabluras de "la pulga" fue Brasil, que en los cuartos de final se había deshecho en la prórroga de una correosa Alemania con un golazo de Rafinha pero que en semifinales no pudo parar al nuevo astro argentino, que marcó el primer gol (golazo) y ya en el descuento dio la asistencia a Zabaleta para que éste deshiciera el empate. Por el otro lado del cuadro se vivió una semifinal africana entre Marruecos y Nigeria, que en cuartos habían eliminado por penaltis a Italia y Holanda respectivamente, en dos partidos tremendamente igualados y que sin duda fueron de lo mejor del torneo. En la semifinal Nigeria impuso su mayor oficio y rompió el partido con un zapatazo de Taiwo; luego, con Marruecos volcado en busca del empate, sentenció en la segunda parte con dos goles más que desataron la peor cara de unos jugadores marroquíes que la emprendieron con sus colegas nigerianos, acabando con 9 hombres y dejando una pésima imagen que recobraron en parte con una honrosa derrota ante Brasil en el partido por el tercer puesto. La gran final tuvo la historia que quiso Messi, y es que él solo se bastó para contrarrestar el mejor juego africano a lo largo del partido: cerca del descanso fue derribado dentro del área tras una de sus típicas jugadas individuales desde el centro del campo y él mismo se encargó de transformar el penalti, y ya en la segunda parte, tras el empate nigeriano, no le pesó la responsabilidad para lanzar y convertir otra pena máxima cometida en esta ocasión sobre Agüero. Con estos dos goles, decisivos para que Argentina se proclamara pentacampeona juvenil, Messi se aseguraba el Balón de Oro del torneo (por si quedara alguna duda) y además superaba a Fernando Llorente y Oleksandr Aliyev como máximo realizador, con seis dianas, redondeando un mágico campeonato que supuso el espaldarazo definitivo a una carrera tan meteórica como sus espectaculares arrancadas desde la medular.

miércoles, 22 de julio de 2009

2005, Mundial sub'20 (II): Una máquina de golear

3-1

Encuadrada en el grupo C junto a Marruecos, Honduras y Chile, España debutó ante los norteafricanos presentando un once compacto en el que destacaba un poderoso centro del campo con Zapater, Cesc, Juanfran y Silva, encargados de llevar balones a las posiciones de Jonathan Soriano y Fernando Llorente. El partido del debut no tuvo excesiva complicación por la inocencia de los delanteros rivales, que no obstante sorprendieron con más facilidad de la esperada a la defensa española, desplegando un alegre juego que terminaría por llevar a Marruecos hasta cotas insospechadas. Pero pese a esas escaramuzas España supo controlar el partido y sin demiasado brillo hizo lo suficiente como para llevarse los 3 puntos con aparente comodidad. Fernando Llorente abrió la cuenta antes de la media hora con un gran gol de vaselina, aprovechando un error de la zaga marroquí, y ya en la segunda parte Molinero y Silva ampliaron diferencias con la inestimable ayuda del meta africano, ya que primero el disparo del lateral atlético le dobló las manos y luego se tragó un cerrado centro del canario en el saque de una falta lateral. En los últimos compases Marruecos obtuvo el merecido gol del honor al transformar un dudoso penalti, que supuso el 3-1 definitivo.

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Crónica del partido (por FIFA.com)



0-7

Ante Marruecos España se había mostrado algo espesa con el balón en los pies y había concedido más ocasiones de las previstas, pero su pegada era demoledora y así lo corroboró en el partido contra Chile. Los sudamericanos llegaban con la moral por las nubes después de aplastar a Honduras por 7-0, y no podían imaginar que recibirían de su propia medicina. Y es que en un partido memorable, sobre todo para Fernando Llorente, España le endosó otros siete. El ariete del Athletic abrió la cuenta en el minuto 8, y aunque la primera mitad discurrió igualada, con Chile acercándose a la meta de Ribas gracias sobre todo a las incursiones de Matías Fernández, una rigurosa expulsión del defensa Jara al filo del descanso (y justo después de la más clara ocasión chilena) marcó el devenir del encuentro. Robusté marcó a los cinco minutos de la reanudación y Chile se vino abajo estrepitosamente, dejando multitud de espacios que aprovecharon los centrocampistas españoles para hacer un verdadero estropicio en la zaga sudamericana. Tres nuevos goles a placer de Llorente (que marcó 4 pero pudo haber hecho 6 de no haber pecado de generosidad), y sendos zurdazos de Gavilán y Silva cerraron un partido extraño que nos sirvió también para ver el debut del lateral zurdo José Enrique, que tuvo que sustituir antes del descanso al lesionado Garrido. Su imponente planta y sus continuas carreras por la banda nos impresionaron a más de uno, convirtiéndose con rapidez en una de las revelaciones del campeonato.


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3-0

Tras ese festival goleador, el último partido ante la endeble Honduras se presentaba como una nueva fiesta para nuestros atacantes, y el tempranero gol de vaselina de Jonathan Soriano a los cinco minutos parecía confirmar las sospechas. Sin embargo, el partido fue lento y aburrido, con la selección centroamericana encerrada a cal y canto en su área y con España, con muchas novedades en su alineación, limitándose a tocar sin apenas crear peligro. Aún así, Silva encontró el hueco para marcar el segundo antes del descanso, y Víctor Casadesús también pudo anotar su primer gol en el torneo mediada la segunda parte. El encuentro era soporífero, no había nada en juego y ambos seleccionadores decidieron cambiar a sus guardametas a la vez, síntoma que deja a las claras el nivel competitivo del partido. Roberto salió por Manu, que había sido titular en lugar del habitual Ribas, pero apenas pudo estar unos pocos minutos sobre el césped ya que tras un error de su zaga no tuvo más remedio que realizar un penalti que le supuso la expulsión. Con todos los cambios realizados, Jonathan Soriano se puso los guantes y atajó el lanzamiento hondureño, con lo que el delantero del Espanyol redondeaba una tarde completa.

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Una de las mayores sorpresas de esta primera fase fue la derrota de Argentina en su debut frente a Estados Unidos por 1-0. Los norteamericanos, liderados por Benny Feilhaber y con el "veterano" de 16 años Freddy Adu en la delantera, se aprovecharon de la decisión del seleccionador argentino de dejar a Messi en el banquillo, supuestamente con molestias (aunque para muchos la suplencia se debió a la falta de confianza de Pancho Ferraro en aquel endeble jugador de 17 años). Leo salió tras el descanso y aunque no se pudo remontar ese partido sí se demostró que el pequeño genio del Barça era imprescindible en aquel equipo, en el que también hubo minutos para otro par de jovencísimos jugadores como Fernando Gago y Sergio Agüero. Otro resultado sonado fue la victoria de Siria ante Italia por 2-1, que valió a los debutantes la clasificación para octavos, clasificación que Italia logró en el último suspiro de su último partido. En el llamado Grupo de la Muerte, Brasil volvió a enfundarse el traje de faena y, aparcando su cada vez menos típico jogo bonito, superó a sus rivales a base de consistencia y pequeños destellos de calidad de su lateral Rafinha y el delantero Rafael Sobís. Además, Nigeria también demostró solidez con un centro del campo muy potente y talentoso, con John Obi Mikel y Promise Isaac como máximos exponentes, y la constante y peligrosa presencia del lateral Taye Taiwo, mientras que Suiza y Corea pagaron cara la igualdad de este grupo y se despidieron con 3 puntos, aunque dejando algunos destellos de su buen nivel futbolístico. La revelación de esta fase fue sin duda China, que con un juego ordenado y pequeñas gotas de calidad hizo pleno de victorias superando a dos selecciones en teoría superiores como Turquía y Ucrania, que curiosamente dejaron sensaciones contrapuestas a las que habían ofrecido en el Europeo del verano anterior: Turquía se mostró algo endeble y falta de pegada mientras que Ucrania se destapó con un juego más ofensivo del que se benefició Oleksandr Aliyev, autor de 5 tantos. También lideraron sus grupos con mano de hierro Colombia, que dejó varios nombres a seguir (los de Wason Rentería, Freddy Guarín y Hugo Rodallega seguro que no faltaban en ningún informe de ningún ojeador), y Holanda, que con el apoyo de su público y un juego basado en la velocidad de Ryan Babel y Quincy Owusu Abeyie dominó un grupo en el que nadie más fue capaz de ganar un partido: Japón se metió en octavos con sólo 2 puntos y dejó fuera por el mayor número de goles marcados a Benín, cuyo atrevido juego mereció mayor premio, y Australia.


domingo, 19 de julio de 2009

2005, Mundial sub'20 (I): Sueños de gloria

Repasando los resultados, está claro que 2005 no fue un buen año para nuestras selecciones inferiores. La única nota positiva nos la dio la selección sub'23 formada para competir en los Juegos Mediterráneos de Almería, y que con jugadores como Arizmendi, Manu del Moral, Kepa o el malogrado Antonio Puerta se alzó con el oro en un torneo descafeinado que quizá sólo recordaremos por un bronco partido ante Italia que hubo de ser suspendido antes del final al quedarse los italianos con sólo 6 jugadores. Pero aparte de este forzado experimento, las selecciones oficiales apenas nos dieron alegrías, puesto que tanto la sub'17 como la sub'19 quedaron fuera de las fases finales de los Campeonatos de Europa de sus categorías al caer en casa en la última fase previa ante Suiza y Francia, respectivamente. Además, la temprana eliminación de la sub'17 nos apeaba también del Mundial de la categoría, que se celebró en Perú y que sorpresivamente fue a parar a manos de la selección de México, liderada por Giovanni Dos Santos y Carlos Vela. El único conjunto que se salvó de la quema, aunque tampoco llegó a grandes cotas, fue el que acudió en junio a Holanda a disputar el Mundial sub'20 de la categoría, torneo que contempló el encumbramiento mundial de un pequeño jugador argentino que hizo y deshizo a su antojo: Leo Messi.

El Campeonato se celebró entre el 10 de junio y el 2 de julio de 2005 en los Países Bajos, y fue sin lugar a dudas uno de los mejores torneos que se recuerdan tanto por el nivel de juego desplegado por la mayoría de equipos como por el importante número de futuras estrellas que se dieron cita en él. Aquí empezaron a sonar nombres como los de John Obi Mikel, Taye Taiwo, Nabil El Zhar, Ryan Babel, Razak Omotoyossi, Matías Fernández, Benny Feilhaber, Hugo Rodallega, Renan, Rafinha, Rafael Sobís, Philippe Senderos, Tranquilo Barnetta, Park Chu Young, Sergio Agüero, Fernando Gago y sobre todo Lionel Messi, que fue justamente declarado máximo goleador y Mejor Jugador del Mundial. Todos ellos, y alguno más, destacaron en algún momento de este campeonato y no tardaron mucho en brillar al máximo nivel, aunque obviamente algunos lo hicieron de manera más efímera que otros. Las 24 selecciones que lograron su clasificación para la cita holandesa quedaron repartidas de la siguiente manera:

GRUPO A
Países Bajos
Australia
Benín
Japón

GRUPO B
Turquía
R.P. China
Ucrania
Panamá

GRUPO C
España
Chile
Honduras
Marruecos

GRUPO D
Alemania
Argentina
Estados Unidos
Egipto

GRUPO E
Italia
Colombia
Canadá
Siria

GRUPO F
Suiza
Brasil
Nigeria
República de Corea

Éste último podía considerarse como el "Grupo de la Muerte", ya que a la vigente campeona y eterna favorita Brasil había que sumar a una Suiza que contaba con una de las mejores generaciones de su historia y a los campeones de África y Asia (Nigeria y Corea del Sur), que acudían a los Países Bajos con ganas de demostrar la pujanza de sus respectivas zonas, especialmente los nigerianos, considerados ya antes del torneo como claros candidatos al título, en un ramillete de aspirantes que completaban Argentina, Holanda, Colombia, Turquía y por supuesto España. En el polo opuesto se encontraban exóticas selecciones como Siria o Benín, debutantes en una cita mundialista, que llegaban como cenicientas pero que acabaron dando más de un susto a rivales teóricamente superiores.

En el bando español, Iñaki Sáez volvía a la primera plana tras la Eurocopa de Portugal haciéndose cargo de una sub'20 que defendía subcampeonato y que aglutinaba a buena parte de los campeones de Europa sub'19 de 2004 (los Albiol, Juanfran, Gavilán o Víctor Casadesús) junto a otros prometedores jóvenes de esa misma generación del 85 (como Molinero, Zapater o Fernando Llorente) y algunos alumnos aventajados de menor edad (principalmente Silva, Markel Bergara y Cesc Fábregas). A pesar de bajas como las de Sergio Ramos, Borja Valero o Roberto Soldado (el primero ya en la selección absoluta y los madridistas disputando la fase de ascenso a Segunda), todos los convocados acudían después de cuajar buenas campañas en sus respectivos clubes: Raúl Albiol había superado un grave accidente de tráfico y se había convertido en un fijo para Quique Sánchez Flores en Primera con el Getafe, Zapater había impresionado en su primera campaña en la Liga con su Real Zaragoza, Agus había debutado también en la máxima categoría con el Albacete y ultimaba su salto al Real Madrid, Cesc había debutado en la Premier y en la Champions League con el Arsenal (aunque una lesión le hizo llegar al Mundial algo justo de forma), Silva había madurado tras un gran año en el Eibar... El resultado de este cóctel era una interesante selección que acudía a los Países Bajos como una de las favoritas indiscutibles a alzarse con el título y que durante buena parte del campeonato hizo honor a esa condición.

Núm. - Nombre - Fecha de nacimiento - Posición - Club (2004/2005)
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1.- Gabriel RIBAS Ródenas - 02/12/1985 - AR - RCD Espanyol
2.- Fco. José MOLINERO Calderón - 26/07/1985 - DF - Atlético de Madrid
3.- Javier GARRIDO Behobide - 15/03/1985 - DF - Real Sociedad
4.- ALEXIS Ruano Delgado - 04/08/1985 - DF - Málaga CF
5.- Miquel ROBUSTÉ Colomer - 20/05/1985 - DF - RCD Espanyol
6.- Raúl ALBIOL Tortajada - 04/09/1985 - MC - Getafe CF
7.- JUANFRAN Torres Belén - 09/01/1985 - MC - Real Madrid
8.- Alberto ZAPATER Arjol - 13/06/1985 - MC - Real Zaragoza
9.- Fernando LLORENTE Torres - 26/02/1985 - DL - Athletic Club
10.- JONATHAN SORIANO Casas - 24/09/1985 - MC - RCD Espanyol
11.- Jaime GAVILÁN Martínez - 12/05/1985 - MC - CD Tenerife
12.- JOSE ENRIQUE Sánchez Díaz - 23/01/1986 - DF - Levante UD
13.- MANU Fernández Muñiz - 09/05/1986 - AR - Sporting de Gijón
14.- AGUS García Íñiguez - 03/05/1985 - DF - Albacete Balompie
15.- Fco. Javier CHICA Torres - 17/05/1985 - DF - RCD Espanyol
16.- David Jiménez SILVA - 08/01/1986 - MC - SD Eibar
17.- Cesc FÁBREGAS Soler - 04/05/1987 - MC - Arsenal FC
18.- VÍCTOR Casadesús Castaño - 28/02/1985 - DL - RCD Mallorca
19.- BRAULIO Nóbrega Rodríguez - 18/09/1985 - DL - Atlético de Madrid
20.- MARKEL Bergara Larrañaga - 05/05/1986 - MC - Real Sociedad
21.- ROBERTO Jiménez Gago - 10/02/1986 - AR - Atlético de Madrid

Con estos mimbres no era descabellado pensar en reeditar al menos el éxito del anterior Mundial de Emiratos Árabes, e incluso (por qué no) la victoria entraba dentro de lo razonable. Pero como vimos precisamente en ese campeonato de 2003, para alcanzar la final hay que tener en cuenta más factores aparte del propio rendimiento, y en esta ocasión la fortuna no nos acompañó en los cruces, como si ocurriera dos años antes. Y sin esa fortuna, cualquier mínimo bajón en el rendimiento se paga muy caro, y esa fatal combinación terminó por romper los sueños de España.


miércoles, 15 de julio de 2009

2004, Europeo sub'19: Otra vez en la cima

El verano de 2004 había comenzado con una nueva decepción para la España futbolística, la prematura eliminación de la Eurocopa de Portugal 2004. El fracaso en un torneo en el que se habían depositado muchas expectativas, tanto por celebrarse en el país vecino como por la sempiterna euforia previa a cualquier gran cita, nos había vuelto a dejar con los ánimos por los suelos, y esta vez la salida parecía todavía más complicada, puesto que por primera vez en muchos años ni el juego desplegado ni el ambiente en la selección habían sido buenos. Hacía falta una renovación en todos los ámbitos, pero después de semejante batacazo casi nadie parecía dispuesto de asegurar que algún día llegarían los resultados. Tras unos días de tensa espera, Iñaki Sáez anunciaba a finales de junio su renuncia al cargo de seleccionador absoluto, cargo que parecía haberle superado, para regresar no sin polémica a su anterior puesto como entrenador de la sub'21 y responsable último de una cantera que, afortunadamente, seguía funcionando.

A mediados del mes de julio comenzaba en Suiza el Campeonato de Europa sub'19, al que como casi siempre nuestra selección acudía como principal favorita, pese a haber quedado encuadrada en un complicado grupo junto a Alemania, Turquía y Polonia. Y es que Jose Armando Ufarte dirigía a una de las generaciones de más talento que se recuerdan, algo que salta a la vista si repasamos la alineación del partido inaugural del torneo: Biel Ribas; Sergio Ramos, Javier Garrido, Alexis Ruano, Fernando Amorebieta; Markel Bergara, Raúl Albiol, Juanfran Torres, David Silva; Borja Valero y Víctor Casadesús fueron los once elegidos, y jugadores de la talla de Roberto Soldado, Rubén De la Red o Jaime Gavilán esperaban su turno en el banquillo. Lo que se dice un auténtico equipazo. El primer rival que se topó con esta gran selección fue una Alemania que también tenía en nómina a jugadores interesantes y que son ya bien conocidos a nivel europeo como el portero René Adler, el lateral Marcell Jansen, el mediocentro Andreas Ottl y sobre todo el delantero de origen andaluz Mario Gómez, pero que fue barrida por España en un gran encuentro de los de Ufarte. El trío Juanfran - Valero - Silva se encargó de romper una y otra vez el sistema defensivo teutón y si se llegó al descanso con empate a cero fue en gran medida por el acierto del meta Adler, que sacó varios remates que parecían insalvables. Víctor Casadesús fue el principal perjudicado por la espléndida primera parte del portero del Bayer Leverkusen, pero tras la reanudación no tardó ni cinco minutos en abrir la cuenta, al conectar un gran cabezazo tras la enésima internada de Juanfran por la derecha. Desde ese momento desapareció la resistencia alemana y 20 minutos después Gavilán, que había entrado sustituyendo a Silva, culminó una rápida jugada. Ya al borde del final, otro suplente de lujo, Soldado, redondeó un marcador que confirmaba a España como la selección a batir.
El segundo rival, Turquía, lo puso bastante más complicado, anticipándonos que no había ido a Suiza sólo a por la clasificación para el Mundial sub'20 de Holanda 2005. Sin embargo, el gran arranque español no hacía presagiar nada de lo que ocurrió después, y es que en menos de un cuarto de hora sendos goles de Juanfran y Silva ponían a España con una clara ventaja. Primero el madridista aprovechó una buena combinación con Víctor para marcar de volea desde dentro del área, y luego el valencianista recogía oportuno un lanzamiento al palo de Gavilán (que reemplazaba en el once titular a Valero) para subir el segundo tanto al electrónico del estadio Juan Antonio Samaranch de Laussana. El partido parecía tener un claro color hispano pero Turquía, que había derrotado a Polonia por 4-3 en la primera jornada, no se daba por vencida. La clave estuvo cuando al borde del descanso Sergio Ramos derribó dentro del área a Ali Öztürk, que no desaprovechó la ocasión para transformar el penalti, subir el cuarto gol a su cuenta particular (había anotado un hat-trick ante los polacos) y dar esperanzas a su selección de cara a la segunda parte. Tras el descanso España volvió a salir enchufada pero esta vez la fortuna no acompañó a nuestros atacantes y el partido empezó a ralentizarse. Aunque la sensación de dominio español era mayor, los turcos empezaban a estirarse poco a poco. Entrando nuevamente desde el banquillo, Soldado tuvo la oportunidad de sentenciar pero falló, y ya casi al final Turquía obtuvo premio a su atrevimiento (estaba jugando ya casi con 4 delanteros) con el gol de Aksu Cafercan en el minuto 87. El empate parecía bueno para ambas selecciones pero España no se conformaba y en el descuento el central Robusté, capitán del equipo y ausente en el primer partido por sanción, cabeceaba un córner a la red, desatando la alegría en el bando español. Se certificaba así el pase a semifinales y la clasificación para el Mundial sub'20 del año siguiente, que era como siempre el objetivo mínimo en este tipo de citas.

Así pues el partido contra Polonia era un mero trámite, ya que España estaba clasificada y los polacos ya no tenían opciones tras perder sus dos primeros partidos. Con las bajas de Albiol, Sergio Ramos y Juanfran, todos por acumulación de tarjetas, Ufarte dio la alternativa a varios suplentes habituales como Chica, De la Red, Joan Tomás, Soldado o el portero reserva Manu, que cumplieron bien. El encuentro fue plácido para los nuestros, que desde el principio marcaron las diferencias y desplegaron un gran juego combinativo que la defensa polaca fue incapaz de detener. Así, a los diez minutos llegó el primer gol, obra de Borja Valero, que culminó una gran incursión de Garrido hasta la línea de fondo, y antes del cuarto de hora Víctor Casadesús marcó el segundo tras una buena jugada colectiva. Como ocurriera ante Turquía, España bajó el ritmo tras el segundo gol y Polonia empezó a dominar el choque y, aunque Manu solventó con acierto las escasas ocasiones que crearon los polacos, tras el descanso Lukas Piszczek sí acertó a batir al meta del Sporting, logrando su cuarto gol del torneo. El gol de Polonia espoleó otra vez a los nuestros que volvieron a hacerse dueños del balón y así, 15 minutos después, Gavilán subió el tercero al electrónico con un gran lanzamiento que limpió las telarañas de la portería polaca. Ese gol terminó de romper el partido, ya que Polonia bajó definitivamente los brazos y España se paseó de ahí al final, sin querer hacer más leña del árbol caído. Aún así, la calidad hispana provocó varias ocasiones casi por inercia y en una de ellas, cerca del final, Soldado no desaprovechó una buena dejada de Silva para marcar el definitivo 4-1. Con esta victoria España cerraba de manera brillante su pase a semifinales, con pleno de victorias, y se enfrentaría a Ucrania, que había dejado en la cuneta a Italia, por un puesto en la final.
Ucrania se había plantado en semifinales con lo mínimo, ya que sólo había marcado un gol en los tres partidos precedentes, suficiente para superar a Italia en su enfrentamiento directo. Sendos empates a cero ante Bélgica y Suiza habían bastado para meterse en semifinales como segundos de grupo, empatados precisamente con los organizadores. Evidentemente los ucranianos, que ya habían eliminado a Francia e Inglaterra en las fases previas, basaban su éxito en la defensa, liderada por Dmytro Chygrynskiy, pero también tenían interesantes jugadores de centro del campo hacia adelante como Artem Milevsky, Oleksandr Aliyev o Dmytro Vorobey. Como se esperaba, España salió dominando y, como casi siempre, abrió el marcador en el primer cuarto de hora, al aprovecharse Víctor Casadesús de un error de marcaje en el saque de una falta. El gol no cambió nada y España siguió acercándose a la meta rival, aunque faltaba fortuna a la hora de culminar las jugadas y ni Silva ni Sergio Ramos pudieron aprovechar sus claras ocasiones. Biel Ribas, que volvía a la titularidad, se encargó de desactivar con sus intervenciones las escasas oportunidades de Ucrania, que seguía cómoda con sólo un gol de desventaja. En la segunda parte Silva volvió a disfrutar de una clarísima ocasión, un mano a mano con el portero que no supo materializar, y como suele pasar España acabó pagando su falta de acierto en el remate con el empate de Ucrania, ya que en el minuto 66 Aliyev lanzó una falta que tocó en la barrera y se coló en la meta de un descolocado Ribas. Tras el empate Ucrania dispuso de varias ocasiones pero el arquero del Espanyol se mostró inexpugnable, sosteniendo con sus paradas a un equipo que tardó varios minutos en reaccionar. Gavilán malgastó el último cartucho antes del 90 pero en el tiempo extra las cosas se pusieron pronto de cara para los nuestros, ya que Soldado aprovechó un garrafal error del meta ucraniano en la salida para marcar el 2-1 cuando sólo se llevaban tres minutos. Ucrania sólo parecía capaz de crear peligro a balón parado y tras un par de avisos alcanzó el premio del gol por medio de Yatsenko, que cazó un despeje de Ribas tras un gran lanzamiento de Krawtchenko. Era el ecuador de la segunda parte de la prórroga y ya no había fuerzas para evitar los penaltis. Afortunadamente, los ucranianos parecía que tampoco tenían fuerzas para lanzarlos ya que sólo se necesitaron siete disparos para certificar el pase de España a la final (4-1). Silva, Soldado, Sergio Ramos y De la Red marcaron los 4 tantos hispanos y nos llevaron a una nueva final continental. El rival sería Turquía, que tampoco lo había tenido fácil para eliminar a una voluntariosa Suiza que sólo cedió en el tiempo extra ante el empuje otomano.
El definitivo partido se jugó el 24 de julio en Nyon, muy cerca del cuartel general de la UEFA que celebraba por entonces su 50 aniversario, razón por la que se había escogido a Suiza como país organizador. En él, España buscaba un campeonato que llevarse a la boca después de cuatro finales consecutivas perdidas (Europeo sub'17 de 2003, Mundiales sub'17 y sub'20 de 2003 y Europeo sub'17 de 2004), y Turquía quería vengarse de la derrota en el descuento encajada en la fase de grupos y sobre todo alzar un título que no conseguía desde 1992. Con un ambiente espectacular en las gradas, pobladas por un gran número de seguidores turcos y unos cuantos españoles, el partido comenzó tranquilo, con los dos equipos mirando más su portería que la contraria. Aún así, era España quien parecía llevar más peligro y Soldado, novedad en el once titular, tuvo las primeras ocasiones para los nuestros, pero sus remates defectuosos no inquietaron al meta Özcan. A partir del minuto 30 el dominio español se hizo más evidente y se sucedieron una serie de oportunidades que obligaron a lucirse al portero turco, despejando sendos remates de Víctor Casadesús y el propio Soldado. La delantera turca no se dejó ver hasta el comienzo de la segunda mitad, cuando el goleador Ali Öztürk puso en apuros a Ribas con un par de peligrosos disparos. La entrada de Gavilán por Silva le dio más profundidad al ataque español y el partido ganó en emoción, con los dos equipos buscando el gol ya sin complejos. Soldado dispuso de las oportunidades más claras para marcar pero no era la tarde del ariete del Real Madrid B, que parecía empeñado en desaprovechar los estupendos servicios de su compañero Juanfran. En el último cuarto de hora España se volcó en ataque, mostrando una gran ambición por la victoria, y Turquía sólo sobrevivía gracias al aliento de su numerosa y bulliciosa afición y al desacierto de los jugadores españoles. A cinco minutos del final, Ufarte ordenó un cambio que sería vital: dio entrada a Borja Valero, buscando algo más de creatividad en el ataque, y el madridista no desaprovechó su oportunidad. Avisó primero con un disparo que se perdió lamiendo el poste, y ya en el descuento recogió una dejada de Soldado tras un saque de banda, se acercó a la esquina del área, recortó a dos rivales por el camino y lanzó una precisa vaselina con la derecha que voló hasta la escuadra del palo contrario, dejando con la boca abierta a todos los que presenciábamos el partido. Por segunda vez en el torneo España se adelantaba a Turquía con un gol en el minuto 92, y los seguidores otomanos no se lo tomaron nada bien, llegando incluso a lanzar una botella que impactó en la cabeza del colegiado portugués Pedro Proença, y que por cierto no había tenido nada que ver en el resultado. El parón terminó por desconcentrar a Turquía, que después de que el juego se reanudara ni siquiera pudo acercarse a la portería española, y el final del partido marcó el inicio de la fiesta para unos chavales que habían demostrado ser sin discusión los mejores de Europa.

sábado, 11 de julio de 2009

2004, Europeo sub'17: Cesc no está solo

Tras el brillante 2003, en el que nuestras selecciones inferiores lograron 2 subcampeonatos mundiales y uno europeo, el 2004 volvía a ser año exclusivamente de Campeonatos de Europa, una vuelta a la lucha por la supremacía continental y como siempre un gran banco de pruebas para las nuevas generaciones que se incorporaban al fútbol internacional. Claro que en la sub'17 de este año la novedad era menor, puesto que 4 de sus componentes ya habían saboreado el amargo sabor de la plata en el Mundial sub'17 de Finlandia 2003. Adán, Mandaluniz, Javi García y Cesc Fábregas debían liderar por su experiencia a un buen grupo de jóvenes talentos entre los que destacaban Gerard Piqué, Diego Capel, Marcos García, Esteban Granero o Jonathan Pereira. Pero evidentemente, por encima de todos ellos, sobresaliendo incluso entre el resto de jugadores del torneo, emergía la figura de Cesc Fábregas, doblemente galardonado en la cita mundialista finesa y que a estas alturas (mayo de 2004) ya sabía lo que era jugar y marcar con el primer equipo del Arsenal. Aunque todas las miradas se centraban en el nuevo protegido de Arsene Wenger, lo cierto es que ya en la fase de clasificación, disputada en marzo en las localidades gaditanas de Algeciras y Los Barrios, se había visto que en aquel equipo había bastantes más jugadores a tener en cuenta. Así que como casi siempre, el objetivo de Juan Santisteban era volver de Francia con el título en el equipaje.


No sería fácil, puesto que tras la citada fase previa en la que nos clasificamos empatados a puntos con Rusia pero con bastante mejor diferencia de goles gracias a sendas goleadas infligidas a la República Checa (4-0) y a Hungría (6-1), nuestros rivales en la fase de grupos del Campeonato de Europa serían Francia, selección anfitriona y siempre candidata, Turquía, que empezaba a despuntar en categorías inferiores, e Irlanda del Norte. El debut ante los otomanos fue tremendamente complicado, pues Turquía era un rival correoso y no exento de calidad que puso en aprietos al equipo español, teóricamente favorito y que salió obligado a mandar en el partido. Claro que eso era lo que se esperaba y también lo que los nuestros sabían hacer, y desde el comienzo las pocas ocasiones del encuentro cayeron mayoritariamente del lado hispano. Con un 4-4-2 muy marcado, con Javi García jugando en punta con la idea de usar su envergadura para cazar los centros desde las bandas de Marcos y Carmona, Cesc y Mario Suárez se encargaban de ordenar el juego desde el mediocentro. El dominio español fue casi absoluto y el premio llegó al filo del descanso, cuando el jugador del Villarreal Marcos aprovechó un mal despeje del portero para marcar el primer gol. La segunda parte fue más disputada y los turcos se estiraron en busca del empate, algo que estuvieron a punto de lograr con un tiro al travesaño, pero también España tuvo sus ocasiones para sentenciar. Afortunadamente no hubo que lamentar esas oportunidades marradas y se llegó al final de los 80 minutos con esa victoria que servía para poder tomarse el partido contra Francia con menos tensión.

 
Y es que si España presentaba una gran selección, la Francia de Philippe Bergeroo (otro clásico de las selecciones inferiores) no le iba a la zaga y en sus filas contaba con jugadores como el férreo central Abdelkarim El Mourabet, el veloz Franck Songo'o (hijo del ex-portero del Deportivo), los habilidosos centrocampistas Hatem Ben Arfa y Samir Nasri y dos rápidos y potentes delanteros como Jeremy Menez y Karim Benzema, si bien este último no disfrutó de muchos minutos en el torneo. Un equipo temible que, jugando en casa, salió dispuesto a marcar el territorio y tuvo las primeras ocasiones gracias a la movilidad de Menez y a su buen entendimiento con Ben Arfa y Nasri, superiores en este comienzo al centro del campo español. Santisteban además tuvo que introducir en el minuto 13 al delantero del Espanyol Marc Pedraza por la lesión del albaceteño César Díaz y, para completar el mal arranque de España, el gol francés llegó sólo cinco minutos después, cuando un centro de Menez fue introducido por Mario Suárez en propia puerta. Como ya nada podía ir peor, el tanto sirvió para que España se metiera en el partido y Carmona gozó de un par de buenas oportunidades que no supo aprovechar. En la segunda parte el duelo se equilibró y los dos guardametas se convirtieron en protagonistas al abortar casi todas las ocasiones de gol. La entrada de Diego Capel le dio más mordiente al ataque español pero no era el día ni de Javi García ni de Piqué, que incorporado a la desesperada tuvo en su cabeza el empate pero no acertó.

La derrota sin embargo no era demasiado trascendente ya que bastaba con ganar a la débil Irlanda del Norte para asegurarse el pase a semifinales, y eso fue lo que ocurrió. Marc Pedraza tuvo su tarde de gloria al anotar los tres primeros goles del cuadro español, que ya antes de que el espanyolista abriera la cuenta en el minuto 27 había dispuesto de varias oportunidades muy claras, incluyendo un disparo al larguero de Marcos. Los goles llegaron como culminación de una serie de contrataques muy bien llevados por toda la delantera hispana, que con espacios demostraba ser demoledora. Tras el tercer gol, al poco de comenzar la segunda parte, España se relajó un poco y casi en el primer acercamiento norirlandés Matt Doherty clavó una tremenda volea en la escuadra de Adán. El tanto del rival espoleó a los nuestros, que volvieron a crear muchas oportunidades, y fue Diego Capel quien marcó el cuarto en el minuto 65 tras una bonita jugada personal. De ahí al final, más oportunidades para España, sobre todo en las botas de Jonathan Pereira, que podían haber significado un resultado de auténtico escándalo. Pero lo importante era la victoria, que nos metía en semifinales como segundos de grupo, lo que significaba tener a Inglaterra como rival en la penúltima ronda.

Inglaterra había liderado el grupo B por delante de Portugal, a la que habían derrotado con claridad por 3-1 en su enfrentamiento particular, y se mostraban como una selección rocosa y veloz, típicamente británica. Con David Wheater como jefe de la defensa, Mark Noble era el encargado de mantener el orden y hacer circular la pelota desde el centro del campo. En el banquillo figuraba el delantero Frazier Campbell, aunque la principal referencia ofensiva era Shane Paul que ya había marcado 3 goles en el torneo. El partido tuvo un comienzo electrizante y Carmona estuvo a punto de adelantar a los nuestro en el minuto 1, pero su disparo se topó con el poste. El primer gol llegó a los diez minutos tras una buena internada de Cesc y un potente remate de Pedraza que el siempre atento Marcos cazó en el segundo palo para enviar la bola a la red. Inglaterra se recuperó de inmediato y Kyel Reid casi empató en la jugada siguiente, pero su disparo se marchó desviado. Pocos minutos después, el propio Reid botó un córner muy cerrado que Mario Suárez no supo despejar en el primer palo y que sorprendió a Adán, quien no pudo evitar que el balón se colara en su meta. Empate a uno y dominio inglés de ahí al descanso, con llegadas constantes ante una defensa que se sentía desprotegida por la baja de Piqué, sancionado por acumulación de tarjetas. El inicio de la segunda parte siguió el mismo guión que el final de la primera mitad, con Inglaterra llegando con peligro a la meta de Adán. Aunque la entrada de Jonathan Pereira y Diego Capel supuso un soplo de aire fresco para el inoperante ataque español, las ocasiones más peligrosas continuaban siendo para los británicos. El final del partido se acercaba e hizo honor al emocionante encuentro que se estaba disputando. En el minuto 79, una brillante acción del sevillista Diego Capel fue abruptamente cortada dentro del área por Mark Noble, que fue justamente expulsado. Era el último minuto, la hora para los líderes, y ahí apareció un hasta ese momento desdibujado Cesc Fábregas para demostrar a su país de adopción de qué pasta estaba hecho. Tomó el balón con decisión y su disparo a media altura fue imposible de alcanzar para el portero inglés. En el tiempo de prolongación Inglaterra mandó arriba a todos sus hombres pero no hubo manera de derribar la muralla española y los de Santisteban corrieron a celebrar su pase a la final. Allí esperaba Francia, que se había deshecho de Portugal por 3-1, remontando el tanto inicial luso.

Gol de Cesc a Inglaterra


Por segundo año consecutivo España se enfrentaría en la final del Europeo sub'17 al organizador del torneo, y esperaba no repetir el resultado de 2003. Además la derrota de la primera fase estaba muy cercana y en los nuestros había ánimo de revancha. Sin embargo el duelo en Châteauroux no pudo empezar peor: en la primera acción del partido Francia logró adelantarse en el marcador al culminar Kevin Constant una buena jugada por banda. No había pasado ni medio minuto y España ya estaba a remolque, obligada a chocar una y otra vez contra la ordenada defensa francesa. Claramente superados por las circunstancias, los españoles pecaron de impaciencia mientras el rival, muy cómodo en su papel, se limitaba a esperar alguna genialidad del omnipresente Ben Arfa, muy activo todo el encuentro, y a enviar pelotazos a un Jeremy Menez bien sujetado por Piqué. Cesc Fábregas dispuso de la primera ocasión clara para España pero su disparo salió desviado por poco. Luego, en unos minutos de acoso hispano, Javi García y Cesc volvieron a estar cerca del gol, pero sus remates no encontraron el camino a la red, e incluso un libre directo del jugador del Arsenal se estrelló en el poste del meta Benoit Costil. Al borde del descanso, Francia pudo desembarazarse del tímido dominio español y Menez y el defensa Akakpo tuvieron sus opciones, aunque tampoco acertaron. Santisteban movió ficha en el descanso y la entrada de Jonathan Pereira y Diego Capel sirvió para abrir un poco más el campo y ofrecer nuevas alternativas a Cesc, que seguía siendo quien más lo intentaba. Por el bando francés, Ben Arfa era quien llevaba el peligro, cada vez más cómodo con los espacios que iba dejando el centro del campo español. Fruto de un gran pase suyo fue una clarísima oportunidad de Menez, que no pudo superar a Adán en el mano a mano. Pero más por ganas que por buen juego, España se estaba mereciendo el empate y por fin lo logró en el minuto 63, cuando Gerard Piqué hizo alarde de su poderío en el juego aéreo para cabecear a las mallas un saque de esquina. El último cuarto de hora se jugó de poder a poder, con Francia buscando el gol con algo más de insistencia pero con España buscando también sus opciones en la velocidad de Pereira y el desborde de Capel. Sin embargo, el triángulo formado por Ben Arfa, Menez y Nasri empezaba otra vez a combinar con peligro y en este último tramo los tres tuvieron una oportunidad para dar la victoria a su equipo: primero Menez chutó fuera cuando tenía todo a favor, luego fue Ben Arfa quien no encontró portería con un intencionado chut desde fuera del área, y ya en el último minuto fue Samir Nasri el que agarró un balón en tres cuartos de cancha, avanzó hasta la frontal y soltó un colocado disparo ante el que nada pudo hacer Adán. De esta dolorosa manera España volvía a caer en la final de un Campeonato de Europa de la categoría, aunque dejaba para la esperanza un buen puñado de nombres a seguir con atención durante los próximos años. Antes del torneo España era Cesc y diez más, pero tras el campeonato teníamos claro que la generación del 87 pisaba con mucha fuerza.

martes, 7 de julio de 2009

2003, Mundial sub'20 (y IV): El quinto elemento

0-1

¿Qué se necesita para jugar al fútbol? Pues así a bote pronto todos diríamos que un terreno de juego, un balón, dos porterías y dos equipos dispuestos a pelear por marcar más goles que el contrario. Con esos cuatro ingredientes ya tendríamos todo dispuesto, aunque habrá incluso quien diga que las porterías hasta pueden ser imaginarias, o quien, a falta de un esférico en condiciones, haya tenido que jugar con cualquier objeto extraño al que se pudiera dar patadas, pero al final creo que todos convendríamos en que esos son los 4 elementos básicos para montar una buena pachanga en cualquier calle. Y sin embargo, en el otro fútbol, el organizado, el que deja de ser un juego para convertirse en deporte, en negocio y espectáculo, existe un quinto elemento altamente inestable, tan necesario para su correcto desarrollo si se mantiene en su sitio como fatal si se descontrola. Estamos hablando, por si alguien se ha perdido, del árbitro. Y en esta final del Mundial sub'20 de Emiratos Árabes 2003 ese quinto elemento se descontroló desde el minuto uno. El italiano Roberto Rosetti se convirtió en el triste protagonista de un partido en el que los titulares debían haber sido para los grandísimos jugadores que se reunieron en el Zayed Sports City Stadium de Abu Dhabi, pero los nombres de Iniesta, Dani Alves, Juanfran, Dudú Cearense, Sergio García o Adriano Correia quedaron empequeñecidos ante la desafortunada actuación del joven colegiado transalpino. Resulta casi innecesario hablar del planteamiento inicial de Armando Ufarte para este partido puesto que todo saltó por los aires en el minuto 3. Tras un tímido ataque español, un pelotazo desde la defensa brasileña sobrevoló el centro del campo y descubrió al escurridizo Nilmar luchando con Melli al borde del círculo central. Y mientras el balón caía y parecía dirigirse sin remedio a la posición de Asier Riesgo, un ligero agarrón del central bético, que se encontraba cerrando la adelantadísima zaga española, dio con los huesos del atacante brasileño en el suelo a casi cuarenta metros de la portería. Pese a que Nilmar no tenía ni mucho menos la posesión del balón (ni casi opciones de llegar a él), y a que Carlos García y Peña estaban ya a la altura de Melli, el italiano no lo dudó y mostró al bético la tarjeta roja directa sin un ápice de condescendencia.

Y desde ese momento se acabó la historia, o, para ser más exactos, el cuento cambió por completo, porque después de cuatro minutos de juego España tuvo que replantearse sobre la marcha un encuentro que llevaba preparando cuatro días para poder luchar con un jugador menos ante la mayor potencia futbolística del mundo. Superado el primer momento crítico, puesto que la falta se botó sin consecuencias (no encajar gol en la jugada subsiguiente a una expulsión es algo que siempre ayuda), los españoles se prepararon para capear lo mejor posible el temporal que se les avecinaba. Ufarte optó por no introducir cambios, pues sobre el césped tenía mimbres suficientes para recomponer la defensa, así que aprovechando la fortaleza de los laterales Peña y Bouzón formó una línea de 3 centrales con Carlos García en el eje, colocó a Juanfran y Pina como carrileros y encomendó a Gabi y Vitolo la agotadora tarea de redoblar su esfuerzo defensivo persiguiendo a todo aquel jugador de camiseta amarilla que osara colocarse entre líneas. Iniesta y Sergio García quedaron eximidos de tareas defensivas (aunque como de costumbre Sergio se partió el pecho presionando a los centrales rivales) para volcar toda su energía en intentar cazar algún balón que saliera rebotado del muro situado a sus espaldas. Como era de esperar, los minutos siguientes a la expulsión fueron de acoso brasileño y ya en el minuto 7 Dani Alves estuvo a punto de marcar tras una espectacular chilena que Riesgo acertó a desviar al larguero. En la jugada posterior Sergio García puso a prueba al meta brasileño, intentando demostrar a la canarinha que el equipo español seguía vivo, pero la superioridad numérica de Brasil se hacía notar y durante la siguiente media hora se sucedieron las ocasiones sudamericanas: un disparo fuera de Nilmar, un malentendido entre Carlos García y Riesgo, un par de brillantes acciones de Daniel Carvalho, un cabezazo a bocajarro de Kleber y sobre todo un testarazo de Adaílton de nuevo al travesaño nos hicieron temblar a todos, aunque afortunadamente ninguna de estas acciones encontró el premio del gol. Entre todas ellas, tan sólo un tímido acercamiento de Iniesta recordó a Brasil que no debía confiarse en defensa. Pese a las ocasiones brasileñas, que llegaban más por empuje que por calidad, hay que decir que con el paso de los minutos el equipo español se fue asentando y durante algunos momentos fue el dueño del balón, gracias a las arrancadas por banda de Juanfran y a la pausa que Gabi le ponía al juego cada vez que el mediocentro del Atlético tenía oportunidad de coger el balón. Los brasileños no parecían preocupados por esas fases de control hispano, confiados en la superioridad numérica y en que tarde o temprano llegaría su gol, pero lo cierto es que a medida que discurría el encuentro España también iba ganando en confianza y todos empezamos a pensar que era posible hacer la machada.

Así que viendo la evolución de ambos conjuntos, la forma en la que comenzó la segunda parte no nos sorprendió del todo. Mostrando un gran orgullo, propio de quien se ha visto claramente perjudicado y quiere dejar constancia de que es capaz de sobreponerse, o al menos evitar que la injusticia cometida se pierda en el olvido, España acorraló a Brasil durante varios minutos, gozando de un par de buenas oportunidades que desbarató el meta Jefferson. Tras esta salida en tromba, España volvió a replegarse y dejó el balón a una canarinha completamente aturdida, incapaz de superar la ordenada defensa española salvo en ocasiones muy puntuales y cada vez más espaciadas en el tiempo, y que además eran resueltas sin llegar a crear excesivo peligro. Por increíble que pareciera, era España quien parecía más entera, pues sabía cuál era su plan y lo desarrollaba a las mil maravillas, buscando rápidas salidas al contragolpe con la esperanza de que en alguna de ellas el balón le llegara a Iniesta y el albaceteño supiera definir como había hecho en semifinales. Tanto él como su compañero Sergio García estuvieron cerca del gol, pero la velocidad de los zagueros brasileños solventó ambas situaciones de peligro. Y cuando por fin lograron encontrar el camino a la red, nuevamente apareció Rosetti para anular un tanto al ariete barcelonista, señalando falta en algo que fue un simple forcejeo en el área. A esas alturas, después de la rigurosísima expulsión y las continuas faltas brasileñas realizadas tras cada pérdida, fruto de la impotencia, y que no merecieron más sanción, estaba claro que el italiano no nos iba a poner las cosas fáciles, pero ese tanto mal anulado fue la puntilla. Rotos por el esfuerzo, los españoles empezaban a buscar la prórroga como agua de mayo y, sólo por inercia, Brasil volvió a aproximarse al área de Riesgo. En el minuto 87, un córner cedido por la exhausta defensa hispana fue botado con precisión por Dani Alves y Fernandinho, que había entrado un cuarto de hora antes, se anticipó a su marcador para conectar un perfecto cabezazo que batió al guardameta español. No había sido una muestra de jogo bonito ni una genialidad de sus hombres de ataque lo que había puesto por delante a Brasil, sino una jugada a balón parado, faceta en la que el seleccionador Paquetá había puesto especial empeño y que ya le había dado a la canarinha importantes réditos en partidos precedentes. El golpe fue un mazazo para los nuestros, que sin embargo reaccionaron bien y, a la desesperada, buscaron con ahínco el milagro del empate. Tanto el recién ingresado Manu Del Moral como Gavilán, que había entrado en el 70, tuvieron en sus botas la oportunidad de empatar al borde del final, en esa última ocasión que, como acertadamente escribió Juanma Trueba en su crónica en el As, siempre llega pero casi nunca entra, y luego Rosetti quiso equilibrar su hoja de servicios, que no la balanza, expulsando a Fernandinho tras un conato de tangana en el centro del campo. Pero la suerte estaba echada y, como sucediera en la final del Mundial sub'20 de 1985 y en la del sub'17 de ese mismo 2003, Brasil se alzó con el título tras derrotar a España por uno a cero.

Ficha del partido
Final del Mundial sub'20 de Emiratos Árabes Unidos de 2003, disputada en el Zayed Sports City Stadium (Abu Dhabi). 55.000 espectadores
ESPAÑA 0: Riesgo (GK); Bouzón, Peña, Melli, Carlos García; Vitolo, Gabi (-88, Manu Del Moral), Pina (-70, Gavilán), Juanfran, Iniesta; Sergio García
BRASIL 1: Jefferson (GK); Dani Alves, Kleber, Alcides, Adaílton; Dudú Cearense, Daniel Carvalho (-94, Andrezinho), Adriano, Jardel; Juninho (-70, Fernandinho), Nilmar (-64, Dagoberto)
Goles: 0-1 Fernandinho (BRA, min. 87)
Árbitro: Roberto Rosetti (ITA)
Tarjetas Amarillas: Adriano (BRA, min. 22), Riesgo (ESP, min. 36), Gabi (ESP, min. 44), Vitolo (ESP, min. 77), Iniesta (ESP, min. 85), Dani Alves (BRA, min. 90+3)
Expulsiones: Melli (ESP, min. 4), Fernandinho (BRA, min. 90)

Ficha Oficial del partido (disponible en FIFA.com)
Crónica de FIFA.com
Crónica del diario El Mundo (por Jesús Alcaide)
Crónica de El Mundo Deportivo (por Sergi Solé)
Crónica del diario As (por Juanma Trueba)


El enfado y la decepción de los jugadores y técnicos de España tras el partido era enorme, y así lo hicieron notar en sus declaraciones, lamentándose de la injusta decisión de Rosetti en los primeros minutos y culpándole de haber echado por tierra los sueños de todos ellos. A los aficionados nos quedó el amargo consuelo de imaginarnos que once contra once quizá la historia hubiera sido distinta, y por encima de todo el orgullo de saber que nuestros juveniles habían dado todo por esa camiseta, seguramente de una manera menos brillante que otras veces pero ofreciéndonos un grandioso ejemplo de orgullo y pundonor. Y con eso nos quedamos en aquellos días previos a la Navidad de 2003. Pero a veces el destino nos depara sorpresas inimaginables que nos devuelven a la actualidad momentos que ya creíamos pasados y enterrados, y cuando en noviembre de 2006 saltó a la luz la noticia de que Carlos Alberto, el mediocentro defensivo habitual en esa selección brasileña y que no pudo disputar la final por acumulación de amonestaciones, había falsificado su edad para poder competir, las imágenes de la decepción de nuestros chavales volvieron a nuestra mente. ¿Sería posible obtener en los despachos un campeonato que previamente nos habían negado en el campo? Pues como desgraciadamente sospechábamos, no. La FIFA no quiso sancionar la alineación indebida del jugador brasileño a lo largo de todo el torneo y dio por buena la versión de la CBF, que aseguraba que también había sido engañada por el jugador y que desconocía su verdadera edad (25 años) en el momento de seleccionarlo. El caso se cerró, de una manera inusitadamente rápida, con una sanción de un año al futbolista y sin ningún tipo de castigo ni para su club ni para la federación brasileña, a los que la justicia deportiva declaró víctimas y no cómplices del engaño del jugador. De esta estrámbotica manera, y casi tres años después de haberse celebrado la final, se cerró un accidentado campeonato que hizo honor al sabio refranero español: lo que mal empieza, mal acaba.